domingo, 29 de diciembre de 2013

21 CABALLOS

Prefiero escribir en la penumbra
porque el día espanta a mis caballos
los hace retroceder hacia la cuadra
los levanta con esa luz apuntalada
de pronta revelación
que llega y abre pistilos en la cornisa
y cuando tengo la mazmorra cerrada
solo espero, solo quiero reconocer a todos mis caballos

a los más niños, a los potrillos de cascos duros
a las hembritas de orejas mimosas
a las mulas de mármol con la zanca espesa
sus borlas, sus monturas de cuero
el crin de sus cabezas inquietas

debajo de estas moles
que son el sol y sus rayos
dos homúnculos de resplandor
una mosca caga a mi ardiente semental
recostado sobre la madre del huerto
repleto de pulgas que le brincan en la verga
en su negro y robusto vientre sosegado

y míralos a todos
míralos con detenimiento
acércate con suma cautela
no vaya a ser que los levantes
están vigorosamente inacabados

pero irremediablemente
en el escudo de escarcha plateada
que imponen las madrugadas más hostiles
el resplandor llega a contragolpe
como un chacal incurable
lleno de ronquidos y arañazos
y ciega las pestañas más finas
incluso si están paradas con grasa o brea
con lodo o escarcha

y así, en esa terrible luminosidad
se desorientan y se espantan
huyen de todo y de todos
se van mis caballos
se van
nada más, simplemente se van

y ya no puedo verlos
en esta trenza de hollín profundo
en que me decidí a envejecer
y que ahora me ata a mis talones
y ya no puedo verlos
ni llamarlos por sus nombres:
Israel
Alfil
Don Elías
Leonardo
Judith
Perro Pastuso
Cuervo
Brinco
Demoledor
Muchacha Ciega
Lenin
Señora Lucrecia
Llamarada
Jonás
Amparo
Vivaracho
Esteban
Jumará
Tres Lanzas
Homero
Jiah

se van
se van tan lejos
mis amores, dorados en el encierro
y me quedo solo
hasta hacerme viejo
viejo
en esta inmensidad de bosques repetidos
que resplandecen bajo una mancha de luz y comunión
que me mantienen vivamente
despierto

Gabriel Paz: Kubrick y la máquina del insomnio (2013)

domingo, 22 de diciembre de 2013

PANDÉMICA Y CELESTE


                                                    quam magnus numerus Libyssae arenae
                                                          .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .
                                                        aut quam sidera multa, cum tacet nox,
                                                                furtivos hominum vident amores.

                                                                                                  Catulo, VII

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector —mon semblable, mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos
a ser posible jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir —aunque sea nada más que un momento—
igual deslumbramiento que a los veinte años!
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
—con cuatrocientos cuerpos diferentes—
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma —en Via del Babuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baño,
de fosos de un castillo.
¡Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en un cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goutée à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
—alegres como fiesta entre semana—
las experiencias de la promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
               íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
—música de mi fondo—
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
                           Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
—mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.

Jaime Gil de Biedma: Moralidades (1966)

domingo, 15 de diciembre de 2013

SOLLOZO POR PEDRO JARA (estructuras para una elegía)


El siguiente poema está dividido en cinco partes, cada una con tres desarrollos distintos pero equivalentes, y numerados a manera de esquema progresivo. Es un poema pensado para leerse en innumerables combinaciones, a condición de mantener la progresión numérica, pero saltando indistintamente, para adelante y para atrás, entre los versos de las subsecciones de cada parte. El resultado pretende ser un texto a la vez siempre distinto y siempre "el mismo". También puede leerse todo de corrido, sin que se pierda intensidad. La edición original (Cuenca, Casa de la Cultura, 1978) fue hecha en un solo pliego amplio, con lo que podía verse la totalidad del poema ante los ojos del lector y así se posibilitaba la lectura pretendida (Nota del antólogo).


                                          I

1.1
1        el radiograma decía
2        "tu hijo nació. cómo hemos de llamarlo"
3        yo andaba entoces por las islas
4        dispersa procesión del basalto
5                                                          coágulos del estupor
6        secos ganglios de la eternidad
7        eslabones de piedra en la palma del océano
8        rostros esculpidos por el fuego sin edad
9                                                                         soledad
10      terquedad relampagueante de la duración
11      enconado olor seminal de los esteros
12      andaba
13                    anduve
14                                  y dije
15      mientras vociferaban la sangre y las gaviotas
16      se llamará pedro
17      pedrohuesosdepedernal
18                                              pedrorrisadepiedra
19      piedra inflamada por la lumbre de meteoros de la vida

1.2
1       el radiograma decía
2      "tu hijo nació. envía su nombre"
3       yo andaba entonces por el archipiélago
4       renegrida osamenta de basalto
5                                                          sílabas de silencio
6       sillares de la eternidad
7       guirnalda de piedra en el pecho del océano
8       coloquio de cíclopes sin edad
9                                                        soledad
10     orfandad deslumbrante del espacio
11     desgarramiento de túnicas del viento
12     andaba
13                   anduve
14                                 y dije
15     en tanto aullaban el sexo y las focas
16     te llamarás pedro
17     pedrovenasderroca
18                                     pedrollamadepiedra
19     piedra enardecida por el aliento de leones de la vida

1.3
1       el radiograma decía
2       "tu hijo nació. cómo lo llamaremos"
3       yo andaba entonces por las galápagos
4       cetrinas encías del basalto
5                                                  alvéolos del desamparo
6       dentadura de la eternidad
7       diadema de piedra en la testa del océano
8       mantos de lava sin edad
9                                               soledad
10     oquedad fulgurante del tiempo
11     hervor continuo de astros al pie de los acantilados
12     andaba
13                   anduve
14                                 y dije
15     entre el bramido de los sueños y las olas
16     te llamaré pedro
17     pedroespinazodepeña
18                                         pedropiedrasinedad
19     piedra tenaz e incandescente que ha de sobrevivirme


                                          II

2.1
1       ¡hijo mío!
2       mordido implacablemente por los nitratos de los días
3       parecías tallado en diamante
4       hechoparaempiedradurar
5                                                hechoparaperdurar
6       entre las proliferaciones de herrumbre del tiempo
7       pero todo cuanto arde en la sangre o la inteligencia
8       suena a caída de hojas y aniquilamiento
9       ay cinceles de piedra para hendir la roca
10     ay impacto sordo de fruto del golpe de las mazas
11     ay facciones abrasadas por la lengua de la caducidad
12     rostro de piedra
13                                rastros de piedra
14     semblantes de piedra de rapa-nui
15     pómulos curtidos por la soledad del mundo
16     friso del desamparo
17     cuencas imperturbables donde se agazapa el tiempo
18     como un pequeño animal despavorido
19     sienes de piedra
20                                 mandíbulas de piedra
21     pedrobasalto o pedroisladepascua
22     piedras contaminadas por la pasión del hombre
23     piedras corroídas por las sales del exterminio
24     piedras que han ido aligerando el volumen
25     en el polvo sollozante de los adioses

2.2
1       ¡hijo mío!
2       azotado salvajemente por la desesperación de las olas
3       parecías cincelado en granito
4       hechoparaempiedraendurar
5                                                     hechoparaperdurar
6       entre la frenética agitación de las aguas
7       pero todo cuanto se enciende en el corazón o el tacto
8       se infecta de perecimiento
9       ay puntas de obsidiana de las armas de mis abuelos
10     ay graznido de halcón de las hachas arrojadizas
11     ay lajas de las calzadas imperiales
12     rótulas de piedra
13                                 vértebras de piedra
14     escalones de piedra de machu-picchu
15     cresta en la que afilan su alfanje las centellas
16     balcón arisco del cóndor
17     goterón de silencio donde anida el tiempo
18     como flor entre los costillares triturados del trueno
19     fémures de piedra
20                                   párpados de piedra
21     pedroasperón o pedromachu-picchu
22     piedras dejadas de la mano del hombre
23     piedras caldeadas por los tizones de la agonía
24     piedras que han ido desvaneciendo el afuera
25     en el polvo de las despedidas

2.3
1       ¡hijo mío!
2       desgarrado despiadadamente por las uñas de la sombra
3       parecías labrado en pedernal
4       hechoparaempiedramadurar
5                                                      hechoparaperdurar
6       entre la silenciosa violencia de las cenizas
7       pero todo cuanto toca la mano o el amor
8       empieza a vacilar y desmenuzarse
9       ay guijarros vueltos silbo de dardo por la honda
10     ay hornacinas de donde el cierzo expulsó al guerrero
11     ay volúmenes arrancados al sueño de la geología
12     muros de piedra
13                                hombros de piedra
14     dinteles de piedra de inga-pirca
15     proa despedazada en los arrecifes de lo perecedero
16     encordadura del aguacero
17     gran ábside donde golpea el viento
18     como un muñón de cólera
19     torso de piedra
20                              cejas de piedra
21     pedropórfido o pedroinga-pirca
22     piedras contagiadas por el desvelo del hombre
23     piedras carcomidas por los líquenes del exterminio
24     piedras que han ido consumiendo su presencia
25     devoradas por la supuración de la muerte


                                          III
3.1
1       desesperado revoloteo del instante
2       nosotros
3                      los insensatos
4       los alimentadores de desmesuras y de tumbas
5       los que nos desvelamos
6       por saber qué hacemos aquí
7       anhelamos la inmensidad del océano
8       y sólo nos pertenece la indecisión de la lágrima
9       pedropiélago te quise
10                                         te tuve pedrogota
11     pedromar te ansié
12                                   te perdí pedroespuma
13     como a la playa la marea debías sobrepasarme
14     pero tu muerte crecía más rápido que mi amor
15     delicada espina de erizo
16     sombrilla errante de la medusa
17     agonía de terciopelos del deslizamiento del pez
18     chillido de la gaviota entre el fragor de la rompiente
19     todo se ahonda
20                               se hunde
21                                               se difunde
22     parecías forjado con la tenacidad del arrecife
23     farallón olvidado del tiempo
24     indeclinable jabalina del albatros
25     ¡pero fuiste aleteo de golondrina en el vendaval!
26     imaginé disparándose tus huesos
27     con la gracia tenaz de las columnas
28     con la agresiva terquedad de las madréporas
29     ¡pero fuiste apenas resplandeciente estertor
30     del róbalo aventado en las arenas!
31     ay pedroesteladealgas
32                                         ay pedrosalpicaduradeola
33     en el rutilante acantilado de la vida

3.2
1       fulminante incandescencia de lo efímero
2       nosotros
3                      los desatinados
4       los alimentados con desvaríos y frustraciones
5       los que nos obstinamos
6       por justificar el júbilo de estar aquí
7       codiciamos la vastedad del bosque
8       y sólo nos pertenece la vacilación de la hoja
9       pedroselva te quise
10                                     te retuve pedropecíolo
11     pedrofronda te ansié
12                                       te perdí pedrohojarasca
13     como al girasol la semilla debías sobrevivirme
14     pero tu sangre corría más rápido que mi desvelo
15     quebradiza aguja de pino
16     titubeante pupila de la resina
17     frenesí de mariposas de la lámpara del polen
18     trino del ruiseñor entre el estruendo de la catarata
19     todo se ahonda
20                               se hunde
21                                               se refunde
22     parecías erguido con la reciedumbre del olivo
23     encina olvidada del tiempo
24     orla inabarcable del vuelo del gavilán
25     ¡pero fuiste colibrí en el embudo del huracán!
26     concebí perfilándose tu frente
27     con la dulce pertinacia de las cortezas
28     con el agria avidez de las raíces
29     ¡pero fuiste apenas crujido de ala de ángel
30     de la espiga pisoteada por el casco!
31     aypedrohuelladegarza
32                                         ay pedrorrasguñodeviento
33     en el resplandeciente promontorio de la vida

3.3
1       incesante remolino del ahora
2       nosotros
3                      los obcecados
4       los urdidores de discordias y silogismos
5       los que nos desesperamos
6       por descifrar los signos de la incertidumbre
7       ambicionamos la imperturbabilidad de la montaña
8       y sólo nos pertenece la postración del polvo
9       pedromegalito te quise
10                                           te tuve pedroguija
11     pedrorroca te ansié
12                                     te perdí pedroarena
13     como a la colina la luna debías desbordarme
14     pero tu angustia cundía más rápido que mi dolor
15     trizada lámina de lapizlázuli
16     deslumbradora llaga del diamante
17     relampagueante éxtasis de la vena aurífera
18     arrullo de paloma entre la vociferación del alud
19     todo se hunde
20                             se funde
21                                            se confunde
22     parecías implantado con la serenidad del nevado
23     filón olvidado del tiempo
24     majestuosa rúbrica del vuelo del gerifalte
25     ¡pero fuiste empeño de mariposa en la tempestad!
26     pretendí recortándose tus hombros
27     con la poderosa simplicidad de las cumbres
28     con la perseverancia de las murallas
29     ¡pero fuiste apenas súbito centelleo
30     del guijarro machacado en el torrente!
31     ay pedrocráterextinguido
32                                               ay pedrodesmoronamientodearena
33     en el desfiladero de la vida


                                          IV

4.1
1       en verdad
2                        ¿fue verdad?
3       ¿eras tú el que pendía de la cadena del higiénico
4       como seco mechón de sauce sobre el río?
5       ser ido
6                     ser herido
7                                       sal diluida
8                                                          suicida
9       ah surco de paloma del pensamiento
10     borrado por el sonido atronador del desdén
11     ah soberbia del astro que manda al diablo su órbita
12     ah pertinaz repudiador de lo establecido
13     pedrogorralrevés
14                                  pedromuertealospájaros
15     pedrorrompelosvidrios
16                                           y el eterno brazo entablillado
17     pedro fermentación de las vísceras de la vida
18     ¡sólo que ya no estás!
19     sólo que al cerrarte los párpados
20     para velar el relámpago congelado en tus ojos
21     ya no te reconocía
22                                   ¿eras tú en verdad?
23     ¿eso de la helada indolencia del témpano?
24     ¿eso de las pavesas que la desesperación insta a soplar?
25     ¿eso que se desmorona en las tinieblas para siempre?

4.2
1       en verdad
2                        ¿fue verdad?
3       ¿eras tú quien colgaba de la cadena del higiénico
4       como polea inútil de una construcción abandonada?
5       ser ido
6                   ser sido
7                                sol de huída
8                                                     suicida
9       ah recinto de espejos del pensamiento
10     empañado por el vaho de amapolas de la pasión
11     ah fascinación sinisetra por el ojo del remolino del vacío
12     ah sempiterno impugnador de los acatamientos
13     pedrocalzoncillos al revés
14                                                pedrocabezarrasurada
15     pedroceroengramática
16                                           y los faldones de la camisa afuera
17     pedro ofuscación de enredaderas de la vida
18     ¡sólo que ya no estás!
19     sólo que al ponerte las manos sobre el pecho
20     para devolverte a la inocencia delirante de la materia
21     ya no te reconocía
22                                   ¿eras tú en verdad?
23     ¿eso de vana crispación de mano de náufrago?
24     ¿eso de cenizas que el viento no tardará en dispersar?
25     ¿eso que devoró su reserva de lumbre en una sola fulguración?

4.3
1       en verdad
2                        ¿fue verdad?
3       ¿eras tú el suspendido de la cadena del higiénico
4       como un péndulo paralizado en la eternidad?
5       ser ido
6                     ser sido
7                                    ser huída
8                                                     suicida
9       ah palacio de cristal de la inteligencia
10     invadido por las emanaciones coléricas del instinto
11     ah obstinación de mariposa por el otro lado del espejo
12     ah perpetuo opositor a lo constituido
13     pedrocalcetinesalrevés
14                                         pedroojosemplomados
15     pedrochaquetasestrafalarias
16                                                  y los cuadernos extraviados
17     pedro exasperación de jaguares de la vida
18     ¡sólo que ya no estás!
19     sólo que al mirarte por última vez
20     antes de entregarte a la humedad y a la disipación
21     ya no te reconocía
22                                   ¿eras tú en verdad?
23     ¿eso de melancolía de estandartes abatidos?
24     ¿eso de inmovilidad que antecede al furor subterráneo?
25     ¿eso de luto y gérmenes ya alimento de los tréboles?


                                          V
5.1
1       pedro ya no
2                           tan sólo piedra
3       grumo devuelto a las opresivas láminas del esquisto
4       al congelado silencio de la cantera
5       nunca más la aventura
6                                             únicamente a la ventura
7       al ensañamiento vesánico de las depredaciones
8       a lo que sólo deja residuos
9                                                   nunca huellas
10     nunca sonido de enramadas y raíces en el pecho
11     estela de tizones del tiempo
12     pero refulges en mí
13     como una espada al fondo de un arroyo
14     pero respiras en mí
15                                     amas todavía en mí
16     golpeas en el corazón
17     como un animal anhelante de otra oportunidad
18     ¡hijo mío!
19     somos hervor de espuma de un piélago insondable

5.2
1       pedro ya no
2                            tan sólo estalactita
3       mineral devuelto a la rapacidad del polvo
4       a la vulva de huracán de las metamorfosis
5       nunca más la aventura
6                                            únicamente a la desventura
7       a la vengativa eficacia de la disgregación
8       a lo que sólo exige espacio
9                                                    nunca tiempo
10     nunca aleteo de petreles y golondrinas en las sienes
11     reguero de brasas de la perseverancia
12     pero rutilas en mí
13     como una ola que por fin hace playa en el corazón
14     pero parpadeas en mí
15                                         alientas todavía en mí
16     animas en la sangre
17     como una semilla ávida de nuevas germinaciones
18     ¡hijo mío!
19     somos el murmullo de un follaje inmarcesible

5.3
1       pedro ya no
2                           tan sólo cuarzo
3       bloque devuelto al estupor de palomas de la roca
4       a la desaforada perversidad de los ácidos
5       nunca más la aventura
6                                            únicamente a la envoltura
7       a la tozudez metálica de lo inerte
8       a lo que sólo impone sombras
9                                                        nunca formas
10     nunca arterias de diamantes y de rosas en la frente
11     pisada de ascuas de la duración
12     pero fosforeces en mí
13     como el meteoro cuando irrumpe en la atmósfera
14     pero sueñas en mí
15                                    vives todavía en mí
16     ardes en la memoria
17     como las viejas tonadas de la tribu en los labios de los adolescentes
18     ¡hijo mío!
19     somos los ecos de un tañido inextinguible

Efraín Jara Idrovo (1978)

domingo, 8 de diciembre de 2013

La ciudad vacía
plácida extiende sus brazos
por las colinas.

Todos sus habitantes
esperamos la caída del sol,
como un rito.

Esperamos la noche
que se abrirá en mil laberintos.

Pero
la muerte del sol
es la muerte de uno mismo.

La lentitud con que se hunde
tras las nubes violáceas,
nos muestra el ritmo del moribundo.

Cuando haya desaparecido de la vista,
habrá un luto pálido,
creciente silencio.

El sol habrá nacido
al otro lado del mundo.
Las estrellas nos traerán
pensamientos nocturnos.

Cada atardecer
es un rito.

Morimos con el sol.
El sol nos sobrevive.
Esperamos siempre volver a verlo.

Rafael Larrea: Bajo el sombrero del poeta (1988)

domingo, 1 de diciembre de 2013

EL ESPEJO (evocación de un caballo)

1
Fui el caballo
de raíz impura
sin rienda, sin jinete,
que corrió hasta tocar
el árbol en llamas,
el primer gozo.

2
Morí al tocar el árbol.
Me enterró un mutilado,
pala de palabra,
verso como brazo,
bajo la piedra que sella,
bajo el campo que olvida.

—ahora, el lector atraviesa el espejo—

2
Suelo soñar, ya muerto,
que no he muerto,
que sueño esta muerte,
que soy, otra vez, el caballo
que corre por el campo
hacia el árbol de gozo.

1
Al menos, en mi sueño no moriré.
Al menos, no moriré en mi ¿sueño?

Juan José Rodríguez: Intención de sombra (2001)

domingo, 24 de noviembre de 2013

LOS PERROS ROMÁNTICOS

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos,
y aquí me voy a quedar.

Roberto Bolaño: Los perros románticos (1993)

domingo, 17 de noviembre de 2013

MUDANZA

A fuerza de mudarme
he aprendido a no pegar
los muebles a los muros,
a no clavar muy hondo,
a atornillar sólo lo justo.
He aprendido a respetar las huellas
de los viejos inquilinos:
un clavo, una moldura,
una pequeña ménsula,
que dejo en su lugar
aunque me estorben.
Algunas manchas las heredo
sin limpiarlas,
entro en la nueva casa
tratando de entender,
es más,
viendo por dónde habré de irme.
Dejo que la mudanza
se disuelva como una fiebre,
como una costra que se cae,
no quiero hacer ruido.
Porque los viejos inquilinos
nunca mueren.
Cuando nos vamos,
cuando dejamos otra vez
los muros como los tuvimos,
siempre queda algún clavo de ellos
en un rincón
o un estropicio
que no supimos resolver.

Fabio Morábito: De lunes todo el año (1991)

domingo, 10 de noviembre de 2013

Dos palomas han querido,
arrullándose en el hueco
del tronco del árbol seco,
vivir juntas en un nido.

Una de ellas apresada
en lazo traidor un día
se retuerce en la agonía...
Muere lejos de su amada.

Y la otra se desespera
sobre el viejo tronco, y gime,
preguntando al aura: dime,
¿dónde está mi compañera?

¿Cómo puedo con orgullo
contemplarme en su pupila?
¿Dormiré nunca tranquila
sin su dulcísimo arrullo?

Y como el aura a su queja
murmura, mas no responde,
parte al fin —no sabe dónde—,
y el nido desierto deja.

Volando de rama en rama
y de una peña a otra peña,
siempre en buscarla se empeña,
siempre doliente la llama.

Cuando no puede en el viento
tender el ala anhelante,
va con sus pies adelante,
sin reposar un momento.

Y corriendo sin cesar,
arrastrándose en el suelo,
muere al cabo, sin consuelo,
de cansancio y de pesar.


(Segundo arawi del Ollantay, según lo anotara Nataniel Aguirre en
Juan de la Rosa. Memorias del último soldado de la independencia (1885).
Se trata de una versión bastante libre del texto colonial quechua,
siendo muy distinta de otras traducciones más apegadas al original.
Quizá el modelo utilizado por Aguirre no haya sido exactamente el texto
hoy reconocido para el Ollantay, o quizá se trata de un arawi
que en realidad no proviene de ese texto dramático.)

domingo, 3 de noviembre de 2013

AMANECER

Hállame, amanecer,
descalza y temerosa...
Hállame en la noche, espera un poco,
hállame encendida y con mi propia luz
enredada...
Bésame la boca.
Hállame en la noche bebiendo
de la lluvia.
No permitas que mi pulso
se sostenga sin aliento
del reloj que condena
el fracaso de mil noches
y el retorno de un día
que no me importe.
Yo no envenenaré de hastío mis palabras.
Hállame callada, trémula,
hállame en el vacío, detente,
contempla vulnerable mis pasos.
¡Vete!
¿Acaso no me sientes lejana?
¡Vete!
La luna adormece mi rebelión,
adormece mi furia,
la luna despierta mi magia.
No quiero que sea de día.
Me aterra la persecución de la luz
y su sombra.

La luz, su sombra,
metamorfosis de ideas,
de incendios, de sogas...
Y llegas, amanecer,
suicida, no te resistes.
Me hallas cansada,
pagándole penitencias a la muerte,
encorvado el torso,
besando la bajeza terrenal,
rendida...
Acomodándome, delicada,
al dolor de las cadenas...
Me encuentras, besando las estrellas,
desgracia de quien
regresa de un sueño.

Vete pronto.

Salomé Cisneros (2013)

domingo, 27 de octubre de 2013

OS MORCEGOS

Os morcegos se escondem entre as cornijas
da alfândega. Mas onde se escondem os homens,
que contudo voam a vida inteira no escuro,
chocando-se contra as paredes brancas do amor?

A casa de nosso pai era cheia de morcegos
pendentes, como luminárias, dos velhos caibros
que sustentavam o telhado ameaçado pelas chuvas.
"Estes filhos chupan o nosso sangue", suspirava meu pai.

Que homem jogará a primeira pedra nesse mamífero
que, como ele, se nutre do sangue dos outros bichos
(meu irmão! meu irmão!) e, comunitário, exige
o suor do semelhante mesmo na escuridão?

No halo de um seio jovem como a noite
esconde-se o homem; na paina de seu travesseiro, na luz do farol
o homem guarda as moedas douradas de seu amor.
Mas o morcego, dormindo como un pêndulo, só guarda o dia ofendido.

Ao morrer, nosso pai nos deixou (a mim e a meus oito irmãos)
a sua casa onde à noite chovia pelas telhas quebradas.
Levantamos a hipoteca e conservamos os morcegos.
E entre as nossas paredes eles se debatem: cegos como nós.

Lêdo Ivo: Finisterra (1972)


LOS MURCIÉLAGOS

Los murciélagos se esconden entre las cornisas
del despacho. ¿Mas dónde se esconden los hombres,
que vuelan la vida entera en lo oscuro,
chocándose contra las paredes blancas del amor?

La casa de nuestro padre estaba llena de murciélagos
colgantes, como luminarias, de las viejas vigas
que sostenían el tejado amenazado por las lluvias.
"Estos hijos chupan nuestra sangre", suspiraba mi padre.

¿Qué hombre arrojará la primera piedra contra ese mamífero
que, como él, se nutre de la sangre de otros animales
(¡hermano mío! ¡hermano mío!) y, en comunidad, exige
el sudor de su semejante aun en la oscuridad?

En el halo de un seno joven como la noche
se esconde el hombre; en la lana de su almohada, en la luz del farol
el hombre guarda las monedas doradas de su amor.
Pero el murciélago, durmiendo como un péndulo, solo guarda el día ofendido.

Al morir, nuestro padre nos dejó (a mí y a mis ocho hermanos)
su casa donde la noche llovía a través de las tejas quebradas.
Pagamos la hipoteca y conservamos los murciélagos.
Y entre nuestras paredes ellos se debaten: ciegos como nosotros.

Lêdo Ivo: Finisterra (1972)
Traducción de Andrés Landázuri (2013)

domingo, 20 de octubre de 2013

LXXV

Estáis muertos.

Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos.

Flotáis nadamente detrás de aquesta membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.

Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra.

Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino. El no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.

Y sin embargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.

Estáis muertos.

César Vallejo: Trilce (1922)

domingo, 13 de octubre de 2013

NOCTURNO DE LA ALCOBA

La muerte toma siempre la forma de la alcoba
que nos contiene.

Es cóncava y oscura y tibia y silenciosa,
se pliega en las cortinas en que anida la sombra,
es dura en el espejo y tensa y congelada,
profunda en las almohadas y, en las sábanas, blanca.

Los dos sabemos que la muerte toma
la forma de la alcoba, y que en la alcoba
es el espacio frío que levanta
entre los dos un muro, un cristal, un silencio.

Entonces sólo yo sé que la muerte
es el hueco que dejas en el lecho
cuando de pronto y sin razón alguna
te incorporas o te pones de pie.

Y es el ruido de hojas calcinadas
que hacen tus pies desnudos al hundirse en la alfombra.

Y es el sudor que moja nuestros muslos
que se abrazan y luchan y que, luego, se rinden.

Y es la frase que dejas caer, interrumpida.
Y la pregunta mía que no oyes,
que no comprendes o que no respondes.

Y el silencio que cae y te sepulta
cuando velo tu sueño y lo interrogo.

Y solo, sólo yo sé que la muerte
es tu palabra trunca, tus gemidos ajenos
y tus involuntarios movimientos oscuros
cuando en el sueño luchas con el ángel del sueño.

La muerte es todo esto y más que nos circunda,
y nos une y separa alternativamente,
que nos deja confusos, atónitos, suspensos,
con una herida que no mana sangre.

Entonces, sólo entonces, los dos solos, sabemos
que no el amor sino la oscura muerte
nos precipita a vernos cara a cara a los ojos,
y a unirnos y a estrecharnos, más que solos y náufragos,
todavía más, y cada vez más, todavía.

Xavier Villaurrutia: Nostalgia de la muerte (1938)

lunes, 7 de octubre de 2013

INTRA ruedas

En mi bici
voy a comprar el pan
voy a ver si un periódico amaneció amarillo
o salpica sangre

voy a la relojería donde el tiempo
no existe

voy a ver si Luis
duerme o escribe
voy a la farmacia a encontrar
pastillas para la presión alta
de la abuela

voy a comprar la última peli

voy a ver a mi pelada
e invitarla a una biela,
charlar de la caña y el bagazo,
y después de vueltas,
besos y caídas
volver
hasta su casa
y después a la mía
y estacionar
la bici
que se me hizo vicio
desde que cumplí
los quince
y ya suena el celular
croar de campanillas doradas

—¡Hola! ¡Chelita, princesa!
Esa sí es buena,
ahí voy embalado,
espera tantito
no tardo ni cinco
en mi pedal de viento.

Raúl Arias: Bicipoemas (2013)

domingo, 29 de septiembre de 2013

BLUES

Para Cristian

I

Hoy dejo de escribir mi historia personal contigo

hoy que ya es mañana sin ti porque me has dejado

hoy que la luz del día dura tanto y agobia el corazón como si fuera el peso del mundo

caigo en tu presencia dejada al viento

ida ya.


II

La vida, como la muerte, mancha;
pero no es lo único que hace:
a menudo me olvida en el bar
donde te espero y nunca llegas.


III

Me acuesto y me levanto con la cabeza llena de ti.


Roy Sigüenza: Cuatrocientos cuerpos (2009)

lunes, 23 de septiembre de 2013

OTRA VEZ AMARILIS

El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.

Tu auto trepando hacia la sierra, la Cream-Rica,
¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos esos moteles.

Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote,
te gózame, me amándonos, decíamos.

¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas
¿quien pega alaridos y triza los espejos
donde nos repetíamos bestialmente y dulcísimos?

¿Qué otro vientre recibe tu miel mía, peruano? Di
qué frívola puta, qué sórdida hipócrita limeña,
qué casada cuidadosa del cornudo.

Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con
nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te
muera para siempre, que se te pudra si regresas.

Una vez dije allí no, ¿recuerdas?, dije después
donde quieras. Tú me observabas igual que un
entomólogo, eras un médico lascivo examinando
una muchacha muerta de amor: no hables, eres
una muñeca, un cuerpo sin voluntad, y me
tocabas probándome y fui un durazno de esos
que se abren con la mano.

Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la tarde,
separando con suavidad mis carnes, descubriendo
lo que ni yo conozco, mi zona más oscura, la que
guarda esa caricia atroz, obscena y tuya que no olvido.

Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me has
negado tu cuerpo, el que gustaba mirar impúdico y
erecto viniendo a mí, el túyo que era el mío.
Concédeme eso entonces: anda a otro sitio a hacer tus porquerías.

O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado,
ya no hay sino recuerdos y Amarilis qué puede sino
juntar palabras. Ahora somos tú y yo, no existe más
nosotros. Uno y uno, dos solos: yo y esa mierda que
tú soy y yo añoras, desgraciado.


Poema atribuido apócrifamente a Márgara Sáenz (1937-1964),
poeta guayaquileña inventada, según los entendidos,
por los peruanos Mirko Lauer, Abelardo Oquendo
y Antonio Cisneros en los años setenta.

domingo, 15 de septiembre de 2013

CARTA DE AMOR

Ven aquí, junto al mar y las palmeras,
y construyamos el mundo que tú sueñas,
prisionero hoy
bajo tu superficie transitoria.

Quiero ser tu arquitecto,
quien levante en tu arcilla
el bosquejo que ocultan
tu piel, tu voz, tus ojos,
tu cabellera y tu sonrisa.

Quiero ser el único habitante
de aquella isla verde que eres hoy,
desterrar los implacables fantasmas que te pueblan,
para poblarte yo.

Ven aquí,
a la tierra verde sin represas,
cuyo estallido vegetal confunde
al cielo, al aire, los ríos, las estrellas,
y toma mi palabra,
mi júbilo de negro y mi esperanza,
para que todo lo conduzcas
por la avenida deshabitada de tu sangre,
y se alce invencible en la tierra
mi puño fundido con el tuyo.

Hay una casa abandondada, recubierta de polvo,
que espera ansiosamente
tu llegada cordial.
Y un hombre que te llama
en la angustiosa longitud de cada día.
Y un escritorio de veras olvidado,
unas flores marchitas,
y una capa de polvo
que recubre las cosas.
Ven aquí, al mar y las palmeras,
donde los cununos, la marimba y los negros
estamos esperándote,
como la canción milagrosa de la tierra.

Nelson Estupiñán Bass: Timarán y Cuabú (1956)

domingo, 8 de septiembre de 2013

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad porque muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Luis Cernuda: Los placeres prohibidos (1931)

domingo, 1 de septiembre de 2013

LOS DOMINGOS

Los domingos morimos un poco.  Por esto el miedo
a la hora en que se ensanchan los minutos lentos,
expectantes, de la noche. Y están los restos
del naufragio de la semana: la mirada rabiosa del cobrador,
las ofertas, en obscenas agencias, de viajes imposibles
a islas paradisíacas del Pacífico,
la rutina del crimen en las páginas de sucesos, las crónicas,
los divorcios, la mirada de aquel perro enfermo,
el temblor de un pájaro enjaulado al presentir el colapso de su dueño,
la misma viejita vestida de luto insultando al frutero.
Restos de la semana que se acumulan en las brasas del pánico,
pánico de imaginar que morimos un poco con los desperdicios
de una semana igual que las demás, sin novedad al frente
y sin que doblen las campanas.

Se escuchan los transistores encendidos por todo repique,
por todo ritual funerario, en el falso silencio de la noche
de este domingo en el que miramos al cielo esperando alguna señal,
algo que rompa la extenuante tensión de extinguirse
sabiendo que al día siguiente nada habrá pasado
y lo anterior será olvidado con un borrón y cuenta nueva
muy propio del descarado optimismo falaz
de los días que componen el armario o proceder
de la semana que se avecina.

Luis Enrique Belmonte: Registro inútil (1998)

domingo, 25 de agosto de 2013

MI VERSO

Si ves un monte de espumas,
es mi verso lo que ves:
mi verso es un monte y es
un abanico de plumas.

Mi verso es como un puñal
que por el puño echa flor:
mi verso es un surtidor
que da un agua de coral.

Mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido
mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo.

Mi verso al valiente agrada:
mi verso breve y sincero,
es del vigor del acero
con que se funde la espada.

José Martí: Versos sencillos (1891)

lunes, 19 de agosto de 2013

LAS PALABRAS NO ENTIENDEN LO QUE PASA

Las palabras no entienden lo que pasa:
las vocingleras, las oscuras, las dóciles,
las que llaman las cosas por su nombre,
las que inventan el nombre de las cosas;
las palabras que dije o me dijeron,
las que aprendí en los libros,
las que escribo,
las que pensé mirando una ventana,
las que acercándose al silencio, gritan;
las que al tocar el fuego, se desfogan,
las que truecan los trinos y los truenos,
las que sirven la mesa de mi casa,
las de la nítida caligrafía que cae por las paredes de la escuela,
las que dicen a dúo el pez y el pájaro;
las palabras que tuve o que no tuve
para llamar al mundo y que viniera,
las que tienden un hilo minucioso
que va desde los balcones a las bocas,
y de las bocas a la historia, y pasan,
las que pasan la noche entre papeles,
o suben la escalera del insomne,
y se introducen en su sueño a ciegas;
las que ordenan el ruido en los rincones,
las que barren el vómito de rabia,
las que saltan del fémur a la luna,
las que cortan la sombra calcinante,
las que labran un nombre en una piedra
para mejor perpetuar el olvido,
las que bajan al árbol por el aire
y se trepan al cielo por el tronco,
las que mastican un cangrejo lento,
las que anuncian el fin de la Cuaresma,
las que le quitan sueño al asesino
y lo dejan dormir y le montan guardia,
las que no sangran, aunque se las hiera,
las que no mueren, aunque se las mate;
las que roban futuro en un embudo,
las que administran mitos y virtudes,
las que mantienen trato con el viento,
las que advierten el agua incinerada,
las que abren los labios de la tierra
buscando el astrolabio de tu grito,
las que te dicen, sin creer que oyes:
—Vuelve a pelear, Ramón, aunque te mueras...
Las palabras no entienden lo que pasa.

Salvador Puig (1967)

lunes, 12 de agosto de 2013

EXTRAVÍO EN MANHATTAN


                                  Y nosotros que pensamos en una dicha
                           ascendente, experimentaríamos la emoción
                                                            que casi nos consterna
                                                              cuando algo feliz cae.
                                                                  Rainer María Rilke

                              Detrás de las puertas y ventanas cerradas
                                                                  oí la caída múltiple.
                                                        Y en un rayo a mi espalda
                                          el equinoccio entero, quebrándose.
               Fue como si dios hubiera confesado que alguna vez
                                      a él también se le rompen los nervios
                                                  con tantos ángeles en el cielo.
                                                                            Luz Machado

                                                                     No, no lo mataron
                                                        los aviones, fue la belleza.
                                                                                King Kong

1.

Trepa Ann Darrow
el cuerpo de King Kong.
Trepa el aire.
Trepa hasta la cima de la torre.
Trepa sin tregua
hasta alcanzar los dedos de la selva.

Incansable es el ascenso.
El deseo de subir
la vuelve más liviana
más frágil la convierte
la altura de la bestia.

Las caricias de King Kong
no son para este mundo.
Tampoco su rugido,
su lengua brava
que descarrilla el verbo
y hace estremecer
el parque a medianoche.

Manhattan es un gorila que agita su deseo.
Manhattan es Ann Darrow
sujetándose el vestido
mientras sopla el viento de la isla
que desordena al animal oculto
que la habita.
En la selva de Manhattan
sólo cabe la pasión simia de un gigante.
Sólo resuena el estertor de su extravío.

Es feroz con la bestia la ciudad.
Y no perdona la belleza
cuando supera
el tamaño previsto
por los hombres.

Salvajes son siempre
dos cuerpos que se tocan.
Salvaje y animal
el aire que agita la piel de sus miradas.

Nunca es humana la pasión.

Las bestias también lloran.
Sus lágrimas pesan como carne,
su caída perfora las aceras
donde crecen flores del exilio.

La bestia sabe que va a morir:
se golpea el pecho y
se agitan los nervios
de Manhattan.

Nada será igual
después de la caída.

Después será desierto
salvaje       animal

después

será el adiós.


2.

Tener un animal adentro
es como vivir en jaula.

Hay que liberar
a la bestia que se agita,

dejarla salir,

que pise la ciudad
y acabe con el orden
implacable del cemento.

En el corazón de Manhattan
hay una jungla que sólo conocen
Ann Darrow y King Kong.

No cesará de rugir
el reino animal del extravío.

No dejará de caer
la fiera doblegada
y una estrella se hundirá
en el nervio más débil de su cuello.

Suena duro la furia de King Kong.

Su peso retumba en el asfalto.

Llámame Ann
pide Manhattan
cuando trepa salvaje
la espalda del gigante.

Llámame King
dicen las manos que se hunden
en la pulpa tierna de la noche.

Los hombres no comprenden la belleza
y la hacen sangrar hasta matarla.

Temblor furioso y puro y natural muriendo:

así cae un gorila por amor.


3.

Hay un secreto vivo
en las venas de Manhattan.

Ruge,
tiene sed,
añora el paisaje
de la Isla Calavera.

Salvajes son sus manos
sus pupilas extraviadas
salvaje la fruta que crece
adentro de la lengua,
salvaje el tamaño de su peso
su cabello salvaje que se agita.

King Kong es el secreto salvaje de Manhattan.

Su cuerpo pesa salvaje
en el fondo de la noche.

Salvaje es el oído
que cede a la furia de su peso
a la voz de selva
que crece, arrastra, devora
y hacia adentro y hacia arriba crece,
sube, jadeando, temblando,
crece, crece
y es inmensa
y viene la voz diciendo la belleza.

Salvaje el tamaño de un gorila en New York, 
la garra salvaje de su lengua,
salvaje el metal de su caída.

No cabe un secreto tan inmenso
en la carne de Manhattan.

La bestia lo aprieta estrecho entre sus dedos.
Lo lleva hasta la cima de la torre
y cuando precipita en el abismo
la belleza vuela más alto que un avión.


4.

Manhattan es una bestia
que desordena las fibras de la noche.

Ruge King Kong en el pico de la torre.
En su pecho resuena la Isla Calavera.

Ann trepa la simia columna del coloso.
Cada vértebra un peldaño hacia la cima,
un paso más arriba de lo humano
un tumulto de aires encontrados.

King Kong es el rascacielos más alto de Manhattan
voraz la sed de su caída,
vértigo puro su enorme distante lejanía.
De su garra brota olor a frutas bravas
y se agita la selva de su furia.

Crece Ann en las manos de la bestia.
Su delgadez la sofoca y pesa honda.
Livianos se vuelven sus cuerpos al tocarse.

—¡Acaba conmigo!, grita el ángel de Manhattan.
—¡Llévate todo lo que de mí es tuyo
y que nada quede entero en la ciudad del extravío.
—Que caiga el peso de esta lengua
que sólo comprenden la jungla y las antenas
y sólo quede un sabor animal
lamiendo las aceras.

El amor es un golpe de dedos
que arranca la piel de las palabras.

Es nostalgia saber que lo vivo
no es para este mundo.

Mata la belleza cuando salva.


5.

                                                  Si el amor es un vuelo
                                                   suena como el viento.
                                                               Luz Machado

El deseo es un animal que se deja caer
y hondo precipita cuando su peso
muerde la tierra más frágil de la selva.

Se quiebran las costillas de Manhattan.
Su médula estalla y se derrama.
Crecen salvajes los tallos de la jungla,
brotan las lianas rebeldes de la furia.

Se oye a un gorila respirar.

Y es animal el aire que se agita
cuando un corazón estalla
al trepar la altura vertical de su caída.

Inmensa la torre de la sed.
Inmenso el extravío.

El gorila se abandona
a la estrechez delgada de una antena.
Y alcanza la pureza.
Sólo se oye su sangre respirar.

Ann Darrow no sabe
cuánto pesa el deseo
si es cómplice y salvaje,
cuánta selva florece en una mano.

Herida a muerte
sangra Manhattan
lágrimas de monstruo.

Gina Saraceni: Casa de pisar duro (2013)

lunes, 5 de agosto de 2013

LLUVIA NOCTURNA DETRÁS DE LA ESTACIÓN DE SERVICIO

Bajo la lluvia nocturna, una tumba caótica
de cosas abandonadas a sí mismas
que demora en cerrarse. Pero todavía el conjunto
puede volverse creador sobre su propio sueño.
En esta decantación del desorden
una fría suciedad pegajosa, un estado de frontera
de objetos a punto de perder su identidad.
En la inmóvil confusión gotea el agua
silenciosa. Envuelve llantas reventadas,
botellas astilladas, ruinas de plástico, recipientes chupados,
cajones despanzurrados, metales llevados
a un límite de torsión, quebraduras,
andrajos no identificados, asimetrías tornasoladas
por la grasa negra. He aquí una crisis de negación
en esta abandonada degradación intelectual
de criaturas seriadas, nacidas a partir
de la materia martirizada, la idea y el deleite
y que fueron manipuleadas, raspadas, roídas, girando
sobre chapas rígidas y correas de transmisión
y en definitiva condenadas por lo monótono.
Pero en aquella derrota humana de las cosas,
en los desperdicios mojados podían descubrirse
figuras creadas a partir de la mezcla,
diseños irreales arrebatados a lo fortuito:
y entre gotas de lluvia y aceite quemado
una intención de belleza y de formas cumplidas
bajo la maloliente oscuridad.

Joaquín Giannuzzi: Cabeza final (1991)

lunes, 29 de julio de 2013

TABACO SILVESTRE

Crecía espontáneo en tu huerto
y lo envolvías con tus manos.
Ahora que tu cigarro se ha apagado,
me consuela la eterna ley de los hombres:
los muertos no se van
porque vamos tras ellos.

Me habían contado que ya no practicabas
el ritual del arado,
que al final de la jornada
los surcos de tu piel
asomaban más profundos que los de la tierra,
que tus bueyes morían de males conocidos.

Tú, que nunca conociste el mar
ni alzaste su sábana de agua para ver
las bellas casas en que moran los peces,
ni las medusas (esas almas que penan en la sal)
jugando en la insólita fugacidad de su transparencia.
Tú, que no fuiste ni coronel ni caudillo
sino un campesino
de amaneceres puntuales y rocío en los ojos,
de largos silencios defendidos por dos breves frases.

Has muerto.
Las plantas de tabaco continúan creciendo
alrededor de tu casa:
desmedidas
elevan sus hojas buscándote.

Esta noche, gruesos hilos de lluvia
golpean sobre unos ojos abiertos.

Enciendo un cigarrillo.
El humo sube, como las hojas.

Galo Alfredo Torres: La canción del invitado (2008)

lunes, 22 de julio de 2013

LIBERTÉ

Sur mes cahiers d'écolier
Sur mon pupitre et les arbres
Sur le sable sur la neige
J'écris ton nom

Sur toutes les pages lues
Sur toutes les pages blanches
Pierre sang papier ou cendre
J'écris ton nom

Sur les images dorées
Sur les armes des guerriers
Sur la couronne des rois
J'écris ton nom

Sur la jungle et le désert
Sur les nid sur les genêts
Sur l'écho de mon enfance
J'écris ton nom

Sur les merveilles de nuits
Sur le pain blanc des journées
Sour les saisons fiancées
J'écris ton nom

Sur tous mes chiffons d'azur
Sur l'étang soleil moisi
Sur le lac lune vivante
J'écris ton nom

Sur les champs sur l'horizon
Sur les ailes des oiseaux
Et sur le moulin des ombres
J'écris ton nom

Sur chaque bouffée d'aurore
Sur la mer sur les bateaux
Sur la montagne démente
J'écris ton nom

Sur la mousse des nuages
Sur les sueurs de l'orage
Sur la pluie épaisse et fade
J'écris ton nom

Sur la vitre des surprises
Sur les lèvres attentives
Bien au-dessus du silence
J'écris ton nom

Sur mes refuges détruits
Sur mes phares écroulés
Sur les murs de mon ennui
J'écris ton nom

Sur l'absence sans désirs
Sur la solitude nue
Sur les marches de la mort
J'écris ton nom

Sur la santé revenue
Sur le risque disparu
Sur l'espoir sans souvenir
J'écris ton nom

Et par le pouvoir d'un mot
Je recommence ma vie
Je suis né pour te connaître
Pour te nommer

Liberté.

Paul Éluard: Poésie et vérité (1942)

lunes, 15 de julio de 2013

PUERTO SIN ROSTROS (fragmento)

                         XLVII

había una vez una mujer
que no me dejaba dormir
aprendidas las formas
de comunicarme con su voz
descubrí en su foto
que lo más inasible
eran los ojos atardecidos
                                        llenos de garúa
había una vez una mujer de un ghetto
que tenía gestos de tul
ahora apenas puedo unir sus rasgos
o hilarlos en la memoria
había una vez una mujer
tan obstinada como el mar
ahora ni una de sus binchas
sirve para sujetar los recuerdos
creo que llevaba una capa purpúrea
para indicar que tras ella vivía la noche
era escurridiza como un lince amnésico
yo
sigo recogiendo las huellas
que tatuaba sobre el suelo

Marcelo Báez Meza: Puerto sin rostros (1996)

lunes, 8 de julio de 2013

EL VIAJE DEFINITIVO

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón de aquel mi huerto florido y encalado,
mi espíritu erarrá, nostálgico.

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

Juan Ramón Jiménez: Poemas agrestes (1910-1911)

lunes, 1 de julio de 2013

¿QUÉ SE AMA CUANDO SE AMA?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

Gonzalo Rojas: Contra la muerte (1964)

lunes, 24 de junio de 2013

EL CORAZÓN NO MUERE (fragmento)

y quién hace la autopsia de un ser vivo,
quién llega a su agonía cuando circula sangre,
cuando es más necesario decir por qué se mueren
las células aún vivas, saber quién disparó, y cuando,
desde qué fiebre tejado ventanal o cansancio
señalaron la diana, cuántos fueron
sus cómplices, por donde entró la bala,
qué órganos y músicas y pasos y en qué orden
nos fueron afectando, quizá empezó el morir
cuandó nació en tus dedos la punta
de un cadáver, real, la vida misma, mas quién
regresa a entonces, quién abre una vez más el bisturí
de la casa del padre, quién recupera luego
el pulso de la lluvia, quién acerca el mercurio
del sismógrafo a la axila tranquila de mis hijas,
quién se atreve a escuchar el corazón
que quizá late enfermo en la mujer que amas,
quién nos dice el porqué cuando es más necesario
decir por qué se mueren
las células aún vivas, saber quién disparó,
seguir la trayectoria de esa bala,
saber si fue uno mismo quien apretó el gatillo,
morirnos de una vez, vivir en tanto

Fernando Beltrán: El corazón no muere (2006)

lunes, 17 de junio de 2013

EL DESANIMADOR

Ofendo, como ofenden los cipreses. Soy
el desanimador. Yo soy el que contagia
con sus besos un vómito de silencios oscuros,
una sangría de sombras. Ofendo, ofendo, amada.

He ofendido a mi madre y a mi padre con esta
tristeza que ellos nunca buscaron, ni esperaban,
ni merecían. Y voy a ofender a mi siglo
con el frío y el nunca y el no de mis palabras.

Se ofenden ante mí las risas, como deben
ofenderse los pájaros enfrente de una jaula.
Ofendo como un rostro de náufrago en el lago.
Ofendo como un coágulo de sangre en una página.

Ofendo como ese camino que conduce
al cementerio. Como la cera ofendo, amada.
Como la cera, madre. Desanimo y ofendo,
madre, como las flores que mienten en las lápidas.

Félix Grande: Las piedras (1963)

lunes, 10 de junio de 2013

PALIMPSESTOS – UNA ODA AL CONSUMISMO

Cuando la cultura
del hambre
llegó a su ápice
los s(aqueos) saquearon.

Tomando por asalto
las instalaciones de los súper,
abatiéndolos,
como otras tantas Troyas.

¿Algo más armonioso
ocurrir pudo?
¿Algo más cabalmente
ilustrativo?

Pues en el propio escenario
del consumismo,
todo lo que había allí por consumir
fue por los s(aqueos)
consumido.

Furiosamente armados con su hambre
entraron, violentáronlos;
y en sus ojos, en la expresión
desencajada de sus rostros,
esta rabia podíase leer:
¿es un delito, un crimen
necesitar comer
cuando hambreado se está como nosotros?

Muy distinto, es claro,
el tema se presenta
cuando de robar se trata por el solo
divino placer de robar algo.

Pues ¿quién ha de entender,
ha de aceptar
ese curioso acto,
en un mundo que a tal placer
pone duros cerrojos?

¿Y son los súper, acaso,
que en la apariencia tan abiertos
al deseoso se ofrecen
la excepción de esta ley?

Lo robado allí, las cosas sustraídas,
van siendo subrepticiamente escabullidas
en el gran bolsillo cómplice
o, para dar otro ejemplo,
menos refinado,
directamente entre la piel y la camisa.

La piel,
que al contacto distinto de esas cosas,
temerosa reacciona,
al poco tiempo admite ese peligro
y lo termina percibiendo, pronto,
como una dulce caricia enervadora.

¡Oh ese gran momento
del robo en los soberbios súper,
por el puro placer, por el deseo
de cumplir el deseo
que despiertan!

Gran momento en el cual
dilúyese en la mente
la noción de Privada Propiedad, a la vista
de las series de las mercaderías;
mercaderías allí expuestas
como si no tuvieran dueño...

Pero, ¡cuidado!
alguien siempre vigila;
alguien que nuestra astucia,
nuestro disimulo,
es capaz de aventajar y descubrir,
adivinándonos.

Entre asustado y entre alborozado
el corazón quiere saltar
del pecho;
¡sofrénalo!
La mano, ¡oh Dioses!, tiembla ansiosa
al tenderse hacia el estante
donde todo es tentación;
¡domínala!

Tu rostro, en demasía, se muestra tenso
lo que te hace sospechoso;
¡rápido, haz de tu rostro la máscara
del más honesto de los consumidores!

¿Pero todos estos juegos,
todas estas rápidas maniobras solapadas,
no son, además,
del placer parte?
¡Oh, sí, tú lo sabes,
tú lo comprendes bien
hypocrite consumidor!

¡Oh paraíso del consumir
tan al alcance y, a la vez,
tan distante!

¡Oh Tántalo!

¡Y esos envases, esos
colores vivos, esas formas;
esas presentaciones del Producto
tan mercadotécnica, infernalmente maquinadas
para motivarte!
¡Para atrapar y dirigir tu voluntad;
para infalibles mover hacia el Producto,
sin que te quede otra posible
alternativa,
tu desear!

¿Y qué prefieres o preferirías sustraer hoy?
¿Qué artículo en especial
has escogido hacer tuyo, además
de los que hasta ahora has distraído?

¿Cuál en especial escogerás
para sumar a tu secreto, secretísimo
y preciado botín?

¡Ah, el Importado Producto!

¿Quizás este exquisito
jamón de USA
en simpática, pequeña lata?

¿O tal vez esta, seguramente deliciosa,
mantequilla holandesa
envasada en acomodable caja?

¿O mejor será,
si te apetece,
este frasquito de traslúcido
vidrio?

¿Este frasquito que deja ver
en su interior,
cual redondas, perfectísimas gemas,
el contenido de unas carmesíes
guindas en almíbar,
originarias de la pérfida, cuan sabia
Albión?

Bien, te decides al fin
por estas últimas;
¡es que nunca en tu vida, es la verdad,
la oportunidad se te brindó
de saborearlas!

Bien, ya estás en la Caja,
¡y sales!
Buen trabajo,
la cosa ha resultado.

¡Y contigo te llevas un dulcísimo,
un delicado tesorito
del Primer Mundo,
gratis!

O no sales.

Te han parado en la Caja.

Y sientes que a tus pies
el Orbe desmorónase; eres
un delincuente
pero, ante todo, un fracasado
ladronzuelo.
Un estúpido, novato,
caco,
una caca.

Un inexperto al que fallóle
ese sexto sentido que permite
eludir la vigilancia
del que atento vigila.
Un inexperto, un zonzo
ratero,
que no supo desconfiar
de las facilidades que al oficio
parecen dar los súper.

¿Y ahora?

¡Compostura, serenidad,
tú sigues siendo
el Cliente
al que respeto siempre
se le debe!

¡Y pese que frente a todos,
al mundo, te revisen
no tienes, no,
de qué maldita cosa avergonzarte!

Aunque, evidentes, las cosas
(las guindas entre ellas),
a la luz vayan saliendo;
como desde el fondo
de mágica galera.

¡Pero tú, impávido,
tú eres un señor!
¡Y tu esposa y tus queridos hijos,
te esperan en casa,
en el hogar!
No pueden detenerte!

¡Y por los Dioses,
actúa, actor!

Pagas.
Estás pagando
como lo hace el más honesto,
decente, limpio;
el más idiota
de los consumidores.
El más digno, también:
firme, convincente el gesto;
creételo.

Tan firme y aplomado
muéstrate
que hasta el que te vio,
el que te detuvo,
confundido quede.

¡Ya!

¡Y sales!

Pero lo de los s(aqueos)
fue otra historia, un muy
diferente caso: una épica
cuyos héroes,
héroes del hambre eran.

Como una tromba humana
entraron en los súper
y devoraron allí mismo
lo que a devorar
sintiéronse llamados.

Cultivadísimos en el hambre
de días y días de galguear,
de un solo golpe,
la saciedad buscaron.
Puñetazos y patadas.
Puñetazos y patadas.

Y al inflamado grito
de ¡a comer! ¡a comer!
sobre los estantes opíparos cayeron,
engullendo, tragando,
atragantándose.

Arrasando los estantes,
dejándolos vacíos,
en menos de lo que un gallo
canta.

Y en la batalla
por las latas de conservas vióse
al Colmilludo, al Buen Cíclope,
revolviéndose a uno y otro lado,
perforándolas,
a colmillazo limpio.

Y ya abiertas,
generoso ofrecíaselas
a los ínclitos s(aqueos);
mientras, allá arriba, en los Cielos,
Zeuz y Ares, ecuánimes,
a dúo sonreían...

Leónidas Lamborghini: Odiseo confinado (1992)