lunes, 22 de diciembre de 2014

EL ESPEJO ANÁLOGO

Una mañana me levanté sin rostro. En el espejo solo pude percibir la montaña que tras de mí se hallaba. Bajo ella deambulaba una multitud errante: rostros desesperados y miradas llenas de pánico reflejaban el inconsciente de la condición humana... En la mitad de este macabro paisaje se erguía un bello árbol de manzanas prohibidas, indiferente a la atmósfera que lo rodeaba.

El sol plantado en la mitad del cielo. El tiempo, como el gran astro, tampoco se movía, cansado del horizonte. A lo mejor era yo quien así me hallaba; tal vez el sol siempre había estado quieto y en mi terquedad me había encargado de moverlo generando el día y la noche para el mundo. En algún punto se desencadenó una psicosis colectiva, con la cual se dio comienzo a la noche y sus misterios.

Desesperado ante aquel paisaje monótono, sórdido, decidí tenderme en el lecho, ilusionado con la idea de que en el sueño mi mente quedaría atrapada en el tiempo... Moviendo mi no rostro de un lado para otro, busqué el reflejo de mi cama en el espejo. Cuando la hallé, me di cuenta de que ya era demasiado tarde para dormir: mi cabeza destrozada yacía sobre sábanas rojas. A su lado, el revólver aún caliente bajo la quietud del sol.

Andrés Uribe Botero: El espejo es otro (2012)

lunes, 15 de diciembre de 2014

POEMAS RECHAZADOS


Inconscientemente vamos por un camino, y conscientemente
nos ponemos a buscar otro camino, en vez de hacer
consciente el camino por el que vamos.

* * *

¿Quién, o no existe o está siempre
del lado de los que ganan?

* * *

Cotejá todo, siempre.
El que te educa puede ser un ignorante.

* * *

Incluso viendo tiendo a no creer.
No es creíble lo que veo.

* * *

Eso es una pollera; eso es una mujer. Una mujer con un cigarrillo en la mano.
Tiene las uñas pintadas y toma un té. Parece bonita. No me interesa ninguna otra cosa en este mundo.

* * *

No hay nada + espiritual que el dinero.

* * *

La angustia me empieza a escalar como un grupo de pitufos;
alegremente, pero sin precipitarse.

* * *

¿Tus palabras no atraviesan las paredes?
Modifica tus palabras.

* * *

¿Por qué los secuestradores prosperan?
¿Por qué sonríen los diputados?
Tienen plan.
Vos no tenés plan.

* * *

¿Por qué llamamos inhumano a lo humano?
¿Por qué insisten en llamar inhumano a lo humano?
Porque de eso se trata; de instalar
una realidad paralela.

* * *

¿Venderle el alma al diablo? Sí, pero cara.
Y si se puede, venderle también otras cosas.
Y venderle a Dios lo que el diablo no compre.

* * *

Por romper las reglas a Adán lo echaron del paraíso.
Yo reivindico eso.
¿Qué clase de edén es ese
que hay cosas que no se pueden hacer?

* * *

Lo que está mal está mal.
Pero lo que está bien
también está mal.
Charlalo con tus padres.

* * *

Uno deja a veces el camino por miedo al fracaso.
Uno deja a veces el camino por miedo al fracaso.
Uno deja a veces el camino por miedo al fracaso.
Uno deja a veces el camino por miedo al fracaso.
Uno deja a veces el camino por miedo al fracaso.
Uno deja a veces el camino por miedo al fracaso.
Uno deja a veces el camino por miedo al fracaso.
Uno deja a veces el camino por miedo al fracaso.
Uno deja a veces el camino por miedo al fracaso.
Uno deja a veces el camino por miedo al fracaso.

Si no leíste las 10 veces leelo de nuevo y después saltate este renglón.
Pero el miedo no siempre se ve.
Ahora miralo.


Vicente Luy (Córdoba, 1961-Salta, 2012)
Los poemas aquí incluidos provienen de la antología
Poemas rechazados (2013), preparada por Emanuel Frey Chinelli,
que retoma textos de varios poemarios del autor publicados entre 1991 y 2012.

lunes, 8 de diciembre de 2014

LA MAFIA DEL HIDRÓGENO

                                  XIX

Estoy esperando el fin del mundo
cada vez más
A la mañana lo primero que hago
es caminar hasta la ventana
para mirar el cielo
y cerciorarme de que su color
no ha cambiado

Luego repaso las maniobras apocalípticas:
1. Armas. Metralletas, granadas y cuchillos.
Esto es importante. Hay que apurarse antes
de que otros sobrevivientes se aviven.
2. Un camión. Grande, si es blindado mejor.
3. Latas de conserva, semillas y agua. Mucho de todo.
4. Libros. Manuales de todo tipo, especialmente de
medicina y agricultura.
5. Un generador y una bomba de agua y bengalas.
6. Huir de la ciudad antes de que los cuerpos
empiecen a pudrirse.

Es crucial no entrar en pánico.
Hay que mantener la calma.
Sobre todo si hay monstruos.
Si son extraterrestres es más jodido.
En el caso de peste, bueno,
ponele las fichas a la inmunidad natural.
Y si son bombas nucleares
o anarquía mundial o zombies
o abejas invisibles
cruzá los dedos, cerrá los ojos
y seguí el plan.

Esta noche, mientras las estrellas todavía brillen,
voy a sentarme en la terraza
para rezarle a los dinosaurios
por un cataclismo bondadoso.

A. Salcedo: La mafia del hidrógeno (2008)

lunes, 1 de diciembre de 2014

VIRGEN AUNQUE VIOLADA

Si hubiera sabido que para esto
estaba siendo educada
o que con este módico fin
se me alimentaba,
si hubiera sido consciente
de a dónde apuntaban
sus instrucciones y enseñanzas,
si era para esto
que se nutría mi imaginación
y se me cuidaba,
me hubiera resistido a comer y a escucharlos
me hubiera enseñado a hablar sola
en una lengua autodidacta
me hubiera prostituido pequeña
infértil, anoréxica y evolucionada
porque no voy a existir por comida
ni a llamar amor
a la droga más utilizada.

Gavril Alón: Virgen aunque violada (2010)

lunes, 24 de noviembre de 2014

INTRODUCCIÓN AL ORIGEN DE LA NADA (llena de tantas cosas reales)

Que no suene la nada a lo que nada suena.
Que nada suene como la nada.
Que la nada no suene a nada.
Esta vez originalmente por una sola vez
que la nada esté muda como la real nada.
Que no suene la nada a la nada
                                                   ¿Sí?

Que nada salga de la nada (ni seres, ni cosas,
ni paisajes hacia la virgen nada).

Que no busque nada la nada.
Que nada no se disfrace de nada y que
esta vez, originaria además,
                                              la nada huya
sin derribar nada, sin hacer nada.

¿Sí? Por favor.
Que empiece la función. Silencio.
Nada de nada.

Ernesto Carrión: Novela de Dios (2013)

lunes, 17 de noviembre de 2014

LA SOLEDAD DE GÓMEZ JATTIN

No sé dónde arderás ahora corazón mío
necesito entregarte siempre como esclavo
pobre de ti
es urgente que enfermes otra vez y otra vez

Qué voy a hacer contigo ahí desocupado
como estúpida biología  Vamos deshazte
de tu pesadumbre y emprende vuelo

¿Qué te sugiere el momento? ¿Te gusta esa mirada
envejecida pero atenta de tu buena sobrina?
Ve y háblale de cuando lloró sin motivo
o cuando de la risa se orinó en los calzones

O mejor recorre el campo y siembra un árbol suntuario
o llévate cordel y navaja
y construye un barrilete y eleva con él
tu soledad hasta las nubes

No  No queremos los dos amigo mío hacer nada de eso
Queremos acostarnos otra vez sobre su vientre
Pero esos tiempos han pasado  Su cuerpo y su deseo
deambulan entre cines y bares de la urbe
enfebrecidos detrás de otros cuerpos y otros deseos
Y eso está bien  Es su vida sin nosotros
Tiene derecho también a un placer libre

Allí está sola la luna y no se muere  Solo está el viento
Tú me tienes a mí
y a Nuestra Señora La Soledad de Gómez Jattin

Raúl Gómez Jattin: Tríptico cereteano (1988)

lunes, 10 de noviembre de 2014

PEQUEÑO RECADO PARA EL AGUA

El agua de un éxtasis
         a mi sed arroja
              la eternidad.
             Jorge Guillén

La sed, feliz, impaciente,
se sabe el único objeto de tu deseo,
de tu pasión borboteante;
se sabe la única llama de amor capaz de acallar
el temblor de tu dulce, fluyente cuerpo desnudo.

La sed, esa febril lujuria de la garganta,
aguarda por ti, desespera por ti,
oh juvenil agua enamorada,
sabiendo que vienes hacia ella,
que la persigues desde remotas distancias,
desde las entrañas recónditas de la Tierra,
en continua y ascendente carrera,
sorteando tortuosas capas y etapas,
sucesivos estratos, obstáculos,
rocas, fósiles, metales,
arrojada con decisión a su encuentro,
ansiosa de ser bien amada,
ávida, frenética,
torrente de amor en busca
de los labios donde la espera
el instante de la eternidad.

Joaquín Mattos Omar: Los escombros de los sueños (2011)

lunes, 3 de noviembre de 2014

ESPERA

La mosca en la pared
La pared no esperaba a la mosca
La ventana mira
espanta a la mosca
La ventana no tiene ojos

La pared ahora mira
La pared sigue mirando

Ahora la soledad en la pared
La pared es el insecto que entretiene el ojo
y es ahora la mosca en el cuerpo y
el cuerpo no esperaba a la mosca

La ventana no tiene ojos
La ventana mira
Vuelve la mosca a la pared
La ventana mira
Ahora la soledad en el cuerpo
Vuelve la mosca a la pared
y
la pared no esperaba a la mosca.

Fadir Delgado: El último gesto del pez (2012)

lunes, 27 de octubre de 2014

AUTOBIOGRAFÍA AMPLIADA

Después del nacimiento
fui llamada al final de la tierra
donde construí una prisión
abierta al denso cielo.

Crecía
crecía y el signo era un gran cuerpo oscuro.
Los barrotes gemían la corrupción del hierro.
Las ranas como centellas ardientes
se fecundaban.

Ahora estoy
todavía conmigo
sobre el lomo de un caballo
que no existió
y sin embargo mañana fingirá reconocerme.

Vuelvo al mundo
con la memoria ensangrentada.
Expulsada de mí misma
entro al mundo
sin buscar explicaciones
o pruebas.

Mañana
frente al abismo
observo la caída de mi cuerpo.

Lauren Mendinueta: Autobiografía ampliada (2006)

lunes, 20 de octubre de 2014

DIOS DE PÁJAROS

Me habitan voces
árboles florecidos
mares lejanos
seres negros y blancos.

Me habita una niña vestida de río
un disfraz de mariposa
una risa de acuarela
un perro cómplice.

Me habita una tarde de ojos amarillos
calles talladas en los huesos, un impulso
un miedo que pestañea cuando da la espalda para aprender a morir.

Me habita un amor de espinas
un canto suave de cuna
eucaliptos bañados de silencio
el alma del vino
un sudor verde en la sombra
una aguja consiendo una lágrima
un siglo revoloteando en las manos de Dios
un rostro
una vida
el mundo y sus plegarias
un relámpago libre
una noche de centellas
una conciencia sin espantos
un placer amargo
la rabia
el perdón
un corazón de historias encerrado en la tierra
un espíritu de pantera.

Me habita un pueblo de párpados cerrados.

Fabiola Acosta Espinosa: Del otro lado de la guerra (2014)

lunes, 13 de octubre de 2014

LA LENTITUD DE LAS ISLAS

Venia pels camins d'aquest món meu romput en illes
                                                                                                M.Villangómez
                         I

Solo un accidente, se diría,
de la Naturaleza,
un antiguo volcán roto en mil rocas,
una explosión lejana, una batalla
del fuego entre la tierra, un río inmenso,
funeral, de oleajes encendidos,
de reverberaciones,
contra la noche abierta del silencio,
hacia la brisa pura y las estrellas,
hacia la soledad.
Sólo un accidente, se diria,
voluntad de la piedra por ser piedra
únicamente,
estas islas sin nombre que han salido
a la luz mineral del mar seguro,
como en parto difícil,
en el esfuerzo ímprobo, constante,
de la savia potente del planeta,
sin humana mirada, sin conciencia,
sólo azar despoblado,
sólo sonido duro entre peñascos
y pinos y animales y obediencia,
sólo pureza, todo creación
suprema, inescrutable, nunca vista,
apenas sospechada, conocida
en las ruinas despiertas,
en las piedras hundidas del ocaso
y la fábula viva,
en la erosión total, en la ceniza
implacable
y en la calcinación que permanece,
derramada, en los campos, multiforme,
en el silencio fiel de las cosehas,
silencio requemado
a orillas de este mar que se nos pudre
ya desde nuestra infancia,
en el silencio blando de unos hombres
que una tarde llegaron
y habitaron el mundo roto en islas,
y habitaron la noche de los pozos,
y encontraron la luz dulce en el agua,
y en el agua el cansancio y las heridas
del tiempo, este dolor que ahora nos queda
en los gestos del rostro
y en las manos resecas,
y habitaron los bosques más oscuros,
nacidos bajo el sol como un milagro,
la lentitud del día,
la lentitud de un año y otro año,
y mansamente abrieron los caminos.


                         II

Esta serenidad que ya es cansancio,
indolencia del mar, ambición rota
de tanto sufrimiento,
esta serenidad que se confunde
con la rasa brutal de nuestras tierras,
con el aire de agosto en los pinares,
con la calcinación
o la felicidad de nuestra infancia,
esta pereza del alma, ¿es fatiga
final que no se agota
o es amor a la vida que nos dieron,
sólo celebración?
La edad del mar circula en nuestras venas
y su cansancio es fértil como el sueño,
nos enseña a vivir, a contemplar
tan sólo, y a dejar que el tiempo pase
lentamente
este tiempo sin tiempo que es concordia
de la Naturaleza,
mientras pasa la vida en la mirada
total de su oleaje,
y el corazón sediento se contempla
en la roca y la espuma,
y nuestras manos buscan la salitre,
y nuestro rostro aprende el gesto duro,
humilde y milenario de sus aguas.
Nuestro cansancio es fértil como el sueño,
porque antigua armonía lo alimenta.
¿No es también esperanza este cansancio?
El mar somos nosotros y en nosotros
conocimos la luz negra del alba,
alzábamos las velas y salíamos
quién sabe hacia qué islas,
hacia qué pedregales no lejanos,
llamando por su nombre a cada estrella
tardía o perezosa,
o conjurando al cielo su honda calma.
Si hay dios, nadie lo ha visto, pero todos
sabemos su grandeza y su mirada
y este mar de su leyenda las reúne.
Y esta serenidad que nos han dado,
oh patria rota en islas, como herencia,
¿no ha ha visto crecer en ti algún dios
impasible en su noche?
Recogimos las redes ya podridas
y sacamos mil lágrimas,
los frutos que alimentan desde siempre
el milagro del hombre y su familia.
Recogimos la almendra y no encontramos
un don tan generoso en muchos años
que pudiera igualarse.
Y esta conformidad que ya es cansancio,
¿no la ha visto crecer en ti algún dios
impasible en su noche?
Oh patria rota en islas.
Nadie vino a salvarnos cuando fuimos
condenados al mar y a la sequía,
a tanta soledad.
Nadie vino a salvarnos, ni siquiera
este dios poderoso que nos mira
y al que hemos venerado.
Crecieron nuestros hijos lentamente
cómo crecieron quién puede decirlo,
entre el brezo y los pozos ya resecos.
Nadie vino a salvarnos.
Solamente los pájaros vinieron,
dejaron su quietud y abandonaron
nuevamente las islas.
Y esta serenidad que celebramos,
fértil en su cansancio como el sueño
de la tierra mojada,
esta herencia tan lenta que perdura
hermanada al olivo y a la piedra,
a todo lo que el tiempo no destruye,
sólo es nuestra esperanza.

Nadie vino a salvarnos. Tuvimos que aprender
los caminos del mar en nuestro pecho.

Vicente Valero: Herencia y fábula (1989)

domingo, 5 de octubre de 2014

DESFIGURACIONES (fragmento)

no planée nada de esto
          nací bajo el síndrome de la vejez temprana
          en una casa que se venía abajo
          con las primeras gotas del invierno
          fui entonces un sucio gorrión con el pico anudado
          buscando que mi madre tejiera una flor
          entre mis manos
ahora no quiero nada
          tengo demasiados pantanos sobre el cuerpo
          con algo de cemento rodeándome los brazos
          podría ser una alcantarilla tapada
          que devuelve a la ciudad sus inmundicias
          quisiera el caballo de madera que teníamos en casa
          mi hermana lo empujaba
          hasta que se convertía en un dragón gigante
          que nos salvaba de todos
          fuimos felices
          sin despegar los zapatos del suelo
ahora yo soy el que hecha fuego por la boca
          el que se desgaja en las calles
          queriendo reencontrar la voz perdida
          y mi cuerpo es una hélice
          rasgando los puños del viento
he partido tantas botellas en las cabezas ajenas
          que a veces pienso que toda la tristeza
          es por las astillas de cristal que me salpicaron
          el corazón en las batallas

el somnífero veinticinco es una garra
          ha desatado una pelea de leones
          yo soy la jaula

¿me prestas tu carne para esconderme?
          no quiero que esta noche
          mis ojos me encuentren
          masticando tiniebla
          mientras caigo a los barrancos
          el sol
          mañana será una flama creciendo
          en un polo ajeno a mis pestañas
          y su luz de cobre
          ese dardo envenedado
          sediento por secarme las escamas

cuando estamos al borde del suicidio
          el cuerpo es un témpano de polvo
          y la boca del tiempo
          se encarga de emitir el último soplo
          que termina por derribarlo
cataclismos
          el tiempo se puede adherir
          como un chicle en la pared
          y estirarlo hasta hacer una madeja
          con él en los brazos
          alargar el tiempo
          para que el espanto sea menos necesario
          y el peso de una vejez llegada de repente
          no se manifieste con olvido
          alargar el tiempo como un hilo
          que entre por el hueco de una aguja
          y me deje cocer las ventanas del mundo
          esperanzado en que cese la lluvia

Víctor Vimos: Desfiguraciones (2010)

domingo, 28 de septiembre de 2014

CASA DE CUERVOS

porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas posado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme nada infinita
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver


Blanca Varela (aparecido por primera vez en la revista Hueso húmero, 1980,
recogido luego en el poemario Ejercicios materiales, 1993)

lunes, 22 de septiembre de 2014

EL ELEFANTE

En el bosque lloroso, bajo el viento de la tarde,
la noche, toda negra, se ha acostado contenta.
En el cielo las estrellas han huido temblando,
luciérnagas que brillan vagamente y se apagan;
arriba la luna está oscura, su luz blanca apagada.
Los espíritus andan dando vueltas.
¡Cazador de elefantes, toma tu arco!
¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

El árbol duerme en el bosque medroso, las hojas están muertas,
los monos han cerrado los ojos, colgados de las ramas allá arriba.
Los antílopes se deslizan con pasos silenciosos,
comen la hierba fresca, aguzan atentamente los oídos,
levantan la cabeza y escuchan asustados.
La cigarra se calla, detiene su canto rechinante.
¡Cazador de elefantes, toma tu arco!
¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

En el bosque azotado por la gran lluvia,
papá elefante camina pesadamente, baou, baou,
sin cuidado y sin miedo, seguro de su fuerza,
papá elefante a quien nadie puede vencer;
entre los árboles quebrados se para, y sigue otra vez.
Come, ruge, bota los palos y busca a su hembra.
Papá elefante, se te oyó desde lejos.
¡Cazador de elefantes, toma tu arco!
¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

En el bosque donde nadie pasa sino tú,
cazador, ten valor, salta y camina,
allí tienes carne, el gran trozo de carne,
la carne que camina como una loma,
la que alegra el corazón,
la carne que se va a asar en el fuego,
la carne en la que se entierran los dientes,
la rica carne roja y la sangre que se bebe humeante.
¡Cazador de elefantes, toma tu arco!
¡Cazador de elefantes, toma tu arco!

Canto africano antiguo
              recopilado por Ernesto Cardenal
                            en su Antología de poesía primitiva (1979)

lunes, 15 de septiembre de 2014

EMOCIÓN VESPERAL

Hay tardes en las que uno desearía
embarcarse y partir sin rumbo cierto,
y, silenciosamente, de algún puerto,
irse alejando mientras muere el día;

emprender una larga travesía
y perderse después en un desierto
y misterioso mar no descubierto
por ningún navegante todavía,

aunque uno sepa que hasta en los remotos
confines de los piélagos ignotos
le seguirá el cortejo de sus penas,

y que, al desvanecerse el espejismo,
desde las glaucas ondas del abismo
le tentarán las últimas sirenas.

                                                          Ernesto Noboa Caamaño (c. 1910)
                                                          (Recogido luego en el volumen Romanza de las horas, de 1922)

lunes, 8 de septiembre de 2014

RITUAL DE LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Mataremos a la gallina de los huevos de oro
—y no por ambición y no por ambición y no por ambición—
mataremos a la gallina de los huevos de oro.

Romperemos el huevo de oro sobre una sartén
—y no por ambición y no por ambición y no por ambición—
romperemos el huevo de oro sobre una sartén.

Incubaremos los huevos de oro que nos sobren después
—y no por ambición y no por ambición y no por ambición—
incubaremos los huevos de oro que nos sobren después.

No por ambición mataremos a la gallina de los huevos de oro
sino por rebelión.
No por ambición romperemos el huevo de oro sobre una sartén
sino por desesperación.
No por ambición incubaremos los huevos de oro que nos sobren después
sino por compasión.

Pero no podremos matar a la gallina de los huevos de oro.

Porque un gallo se la llevó.
Porque un gallo se la llevó.
Porque un gallo se la llevó.

Y en todo el gallinero
sólo ese gallo deja oír su canción.

Sería un gallo hermoso
de no haber perdido su corazón;
sería un gallo amable
de no haber querido únicamente imponer su razón;
sería un gallo pulcro
de haberse librado de la gran tentación.

Y en cada madrugada
—como San Pedro al Señor—
nos hace sentir su negación,
nos hace sentir su negación,
nos hace sentir su negación.

Aunque el resto del día le cante apasionadamente a Dios.

Porque es un gallo cantor,
porque es un gallo pelucón,
porque es un gallo amo y señor.

porque es un gallo infinito,
como el gallo del cuento del gallo pelón.

Y la gallina de los huevos de oro
le ovula, matemáticamente, su fabuloso amor.

Fernando Cazón Vera: La pájara pinta (1983)

domingo, 31 de agosto de 2014

DE NUEVO SOL, ABAJO Y FRÍO (fragmento)

XXI

A Patty Hunter

Yo quedé fuera de la repartición cuando llegaron los lores a regalar dádivas a los desposeídos
me impidieron entar en las pirámeides por haberse descosido mis sandalias
en el viaje de retorno perdí camino y caravana y una turba de maleantes me arrebató mi provisión de agua
alguna vez soñé con una nube que ascendía pero enseguida un rayo inundaba la comarca
yo intenté tomar descanso después de la larga caminata pero un aluvión obligó a correr a todo peregrino
peleé por los caprichos de mi rey pero al final de la batalla jamás fui condecorado
hube de juntar piedra sobre piedra y hallé un refugio para la madrugada
me alimenté de las hierbas que conocí solo después de las fiebres que colmaron mi delirio
mas he aquí que empecé a rondar tu espacio y posesión y pronto fui habitante de tu linde
así vivo de tu abrazo y tus pestañas y también de una fe de mar abierto irrenunciable
ya no busco tesoros hundidos porque aprendí a considerar hermosa a toda prueba la teja de una casa
eran jornadas propicias porque encontré un dulce en la sal de tus sabores
tu piel es un remedio contra el día cansado contra la inercia de la sangre
sudé frío hablé entrecortado y así entendí que no hay diamante que doblegue el cristal de tu presencia
por eso anhelo tu huella porque es una marca que ha de ayudarme en una noche inentendible
yo hallé la señal de tu temblor y ahora me doy cuenta de volver a andar por tu mirada.

Fernando Balseca: De nuevo sol, abajo y frío (1992)

lunes, 25 de agosto de 2014

BABELIA EXPRESS

Show time ladies and gentlemen!
Bienvenidos al circo beat
Tuiteratura pura
Pantallas móvlies
El lenguaje destrozado en cada mensaje
El mundo en ciento cuarenta caracteres
En doscientos cincuenta y seis años nos nacerá un sexto dedo.
Holografía
Insanidad virtual
Sentido obtuso
Borradura.
Mensajes instantáneos
Solubles en el tiempo
Se dispersan
Se disparan
Achtung!
Say Hallelujah come on get happy
Allez, allez...
Vilkommen!
Benvenuti!
Welcome aboard!
Venite a respirare con noi!
Il treno es so raudo
Stanno tutti bene
Tutti fruti
Cheers for fears
Mon Dieu
Este es el expreso de Babelia
Yo soy el conductor de este tren largo como una serpiente marina
I sono from l'ombelico del mondo
Io penso positivo
Ready to go
Ready-made
Juego ajedrez con Marcel Duchamp
Me siento en su urinario y splash...
E una luce che sa di mare
Je suis desolé
No parlo so many linguas
Mi chiamo Legion
En mí habitan tantos pasajeros
Yo soy el tren que viene del purgatorio y va camino al Paradiso
A railway to heaven
Saudade de tantas cosas
Mientras todos bailan y yo también
Hacen así
La même chose tan de dancers in the movies
In one wagon some ladies come and go talking about michelangelo
Lontananza en la que todos celebramos el estar vivos
¿Qué pasaría si questo treno se descarrilla?
Penitenziatige
Hic nova vita porta est
No importa
Siempre quedarán estos versos
Giugno is not the cruelest month of the year
Si no puedes venir mándame un mensaje de texto
Luego habrás de ponerme un LIKE en Facebook
Ich liebe dich donna dil vento
Vouz le vous coucher avec moi (ce matin)
À quoi penses-tu?
Farfalla, io ti voglio bene
Hiroshima mon amour
No por mucho madrugar, se viaja más temprano
A metà del camino della mia vita
Mi trovai per una selva oscura
I don't go per la via del bene
I wanna be Chaos and Disorder like Jazz Music
Dante walking alone in la strada di Firenza
Dante
Pedante
Viandante
Andante
Allegro ma non troppo
Moderato amabile el poeta
Éramos presos de las ínsulas extrañas
Don't jump
Vietato attraversare i binari
Do not cross the railway lines
Affacciati alla finestra amore mio
El tuerto horrendo que en ardor revienta
Y gordo arremangado dice lata
Einmal ist keinmal
Solemne y rollizo el gordo Buck Mulligan se levantó convertido en un monstruoso insecto que gritó ante todos: Introibo ad altare Dei
Ma quale idea
In questo expresso todos hablamos con el vino
Vino rosso
Vino bianco
Even the ocean is full of wine
Nada le es vedado al Dios Baco
Cinema Paradiso
Voces vivas
Solitudine muerta
¿Qué le dice el saxofón al clarinete?
Cuando no sabes qué es esa música
Don't worry
Es jazz
Jazmine
Jazz
Impromptu
¿Qué le responde el clarinete al saxo?
La música se siente con il cuore que late aprisa
Como un tambor tocado por las manos de Dios
Videmos nunc per speculum at enigmatae
Piove sente como piove in la stazione dil treno
Il viaggio c'est fini
Achtung pasajeros
Get off
The trip is over
Close the door before you leave
Au revoir les enfants!
Alea jacta est!
Verrá la norte a avrá tui occhi

Marcelo Báez Meza: Babelia express (2014)

lunes, 18 de agosto de 2014

ESTO NI SIQUIERA RIMA (fragmento)


Esto ni siquiera rima
dice la musa
y se va decepcionada
patea las piedras y maldice
la hora en que me dio por escribir


No me interesa la fama, sino la trascendencia
dijo el poeta mientras se vestía
¿Entonces por qué llevas tus poemas a concursos y recitales?
preguntó su amante quinceañera
Para llenar el buche y pagarnos el motel


No me importa la trascendencia, sino la fama
dijo el poeta mientras se vestía
¿Entonces por qué quieres destacarte en concursos y recitales?
preguntó su amante quinceañera
Para salir en periódicos y conseguir amantes quinceañeras


No me importa el dinero, ni la trascendencia, ni la fama
dijo el poeta mientras se vestía
¿Entonces por qué llevas tus poemas a concursos y recitales?
preguntó su amante quinceañera
Para darle en la jeta a los de otros grupos literarios


Tracalada de borrachos
nerds, vagos, megalómanos
snobs, maricas, fatuos
intelectualoides de tercer mundo
los poetas siguen siendo incomprendidos


Rafael Méndez Meneses: Selección natural (2010)

domingo, 10 de agosto de 2014

TESTAMENTO

Te preguntan,
¿a quién dejarás tus cosas cuando mueras?
Entonces miré mi casa
y sus objetos.
No había nada que repartir,
salvo mi olor a rancio.
Y la rata.
Ésa que permaneció hostil y silenciosa,
esperando que ocurriera.
Inútil darle de comer
y suavizar su cama con jabón azul.
La esperé cada noche,
ansiosa de ver cómo sus largos bigotes
dejarán de esconder los dientes puntiagudos y depredadores.
Allí estuvo,
mirada astuta
y silencio de esfinge,
esperando que mi sangre corriera.
Vana espera.
La muerte llegó de adentro
por primera vez, calmada y definitiva.
Escribí en la pared su nombre,
para que el último golpe de sol,
a eso de las diez de la mañana,
pusiera sombra en mi testamento:
"La rata no permitió que viera la primavera".
Después de muerta
hice la lista.
Una cena en el mejor restaurante
para Ángeles y Carlos.
Mis libros, mis inéditos guiones para José Ignacio.
Mis sueños para Ibsen.
Mi tarjeta Abra para Ybis.
Mi carro para Alberto.
Mi cama matrimonial para Mario.
Mi memoria para Salvador.
Mi soledad para la Negra.
Mis discos de Ismael Rivera para la Negra.
Mis poemas titulados "Granada en la boca" para la Negra.
Mi dolor de adolescente y madre, para Pedro.
Mis cenizas, para Ernesto.
Mi risa para Marina.
La noche anterior
le había dicho a Ángeles y Carlos
si no puedo dormir
escogeré la muerte.
El pernil de cordero estaba tan sabroso
que no me hicieron mucho caso.
Recuerdo que en una esquina de Chacao,
ella me abrazó y le dije,
el próximo viernes los invito yo.
Su cabello corto
y su felicidad por habérselo cortado,
me hizo entender que no era yo la apaciguada madre de Carlos.
Apoyé mi mejilla sobre su hombro.
Fue algo de segundos,
pero sentí que con la tijera sobre su melena,
algo se había ido.
Algo que no llevaba su nombre,
rondaba ahora las noches de insomnios y alcohol
en el barrio de la familia.
Morirse deliberadamente,
requiere de tiempo y paciencia.
Evocas la muerte gratuita de un hijo,
cosa que a ti nunca te sucedió.
La pérdida de objetos
y el silencio de una casa devastada,
tampoco te sucedió.
El dedo feroz de un enemigo señalándote
como un ser despiadado.
Pasa pero no es mortal.
Dos partos,
diez abortos
y ningún orgasmo.
Una buena razón.
El silencio de tu compañero cuando le preguntas,
¿por qué ya no me quieres?
¿Qué hice?
¿En qué fallé?
Y luego el recorrido por aquellos espacios silenciosos
y vacíos,
con tu presencia encorvada,
torpe.
Constatas que no hay jabón para lavar
ni Favor para planchar
y a lo mejor
esas naranjas están podridas.
Entonces recuerdas
una terraza a las siete de la mañana,
sobre el mar,
y alguien diciéndote,
le tengo miedo a las alturas
pero te amo.
Y luego,
el regreso a la ciudad
y la mazacumba de un hombre desnudo y alegre.
Piensas de nuevo en lo deliberado.
No es azar.
No es venganza.
Es tu mano
de palma sudada,
tocando su muslo.
Remontando un poco más
y recordando el desasosiego de tu compañero,
por la penumbra maloliente
de tu placer.
Siempre hay un antes
antes de morir.
Antes,
quiero comerme unos tortellinis a la crema.
O tomarme un trago de Tanqueray.
O que me abracen con manos fuertes.
O, como dice Caupolicán,
que me pongan en presencia de Maiquetía,
la ciudad más hermosa de este país.
La deliberación entorpece la muerte.
Nadie,
que yo conozca
ha deliberado sobre su desaparición

Miyó Vestrini (1991, publicado póstumamente en 2008)

domingo, 3 de agosto de 2014

ELEGÍA DEL DAULE (fragmento)

                                              IV

En tal zozobra, cuando el ruido alcanza la forma amenazante,
cualquier silencio se convierte en una voz remota
que refiere el pasado a su capricho,
y es como si la naturaleza mismo no respirara,
y atónita la sierva
humilde en su cañiza
se sacrificara por el bien de la tierra humillada...
¡Cómo abunda el aroma de las plantas envueltas en la noche
beber en tus axilas la miera
consagrada a la deidad del río!
¿Puede el amor turbar la superficie inmoble
dentro de ese silencio,
cuando alrededor de aquellas flores y las aves,
de repente se encienden las lágrimas de los progenitores?
Ah si ella misma, en el prodigio, alcanzara a escuchar
el movimiento cauto de la hierba naciente...

Blando era el vientre de la amada en donde mi profunda
humillación pudo callarse;
sus manos, sin ninguna fragancia, sino calma,
me besaban la frente. Los pensamientos en quietud ya tibia,
participaban del calor inocente de los pliegues,
en los miembros desnudos que ignoraban aún aquel advenimiento
o la consagración.
En mí, inasible, te sentía —la imagen ya borrosa por efecto
de los besos y llamas, en plena devoción.
¿No fuimos más hermosos, acaso más nosotros
y más ciertamente humanos
dentro del sufrimiento? ¿O la dicha fue estorbo
en nuestra unión profundamente lejos?
A nadie te comparo
pues nunca tuve trato
con un ser casi arrancado en la hora justa
de aparecer sobre la tierra.

¿Qué manantial se vierte allá, en olvido,
de qué dolor viniste, cuál fue la fecha del desasosiego?
Sólo sabes del río, y entrambos somos islas arrastradas
suavemente a la distancia lúgugre,
y nada nos retiene, somos lágrimas,
volvemos al origen, esa calma azarosa,
en la ignorancia muda,
y seremos amantes en un lapso donde los nombres nada
significan,
los compañeros tan callados,
siempre ausencia.

Finalmente en el aura, desde la mar, se apaga
ese dolor ya viejo, que nunca nos doliera en la aventura:
la luz atisba y nos revela, solos.
Cada ser en su asombro, en la piel arrugada por el sueño,
el pasado que torna su cabeza
—la criatura torpe mete su boca en el estiércol.
Ah, sólo entonces,
vosotros, rodeados de súplicas humildes,
de rodillas,
compartís nuestro duelo.
Quizás no cabe semejanza con esa luz perfecta,
tal vez no somos nadie, aspecto bajo la saliva
de las voces divinas, vuestra gloria.
La eternidad abrasa, y en la calma estéril,
el sol vacía la forma variable
—resto de nuestra cólera, escenas tan vulgares,
nombres sin importancia.
Los gritos últimos de cada ser humano.
El dolor, la insignificancia nuestra,
despacio repta hasta los ojos.
¡Enterrar los misterios junto a la sabiduría,
vagar, vagar errantes,
regresar a ese punto de partida,
recordar hasta el último momento, porque nada es presente!

¿Cómo no preferir tu ignorancia a la culpa,
tu silencio al recuerdo de unos dioses que nunca regresaron
y nos observan, escondidos,
con la alegría insatisfecha de quienes no han logrado,
ni ellos, siquiera,
conservar ese parque en su orden impecable?

Francisco Tobar García: Elegía del Daule (1989)

domingo, 27 de julio de 2014

AH, QUE TÚ ESCAPES

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recortada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir.

José Lezama Lima: Enemigo rumor (1941)

domingo, 20 de julio de 2014

SONNET 30

When to the sessions of sweet silent thought
I summon up remembrance of things past,
I sigh the lack of many a thing I sought,
And with old woes new wail my dear time's waste.

Then can I drown an eye, unused to flow,
For precious friends hid in death's dateless night,
And weep afresh love's long since cancelled woe,
And moan the expense of many a vanished sight.

Then can I grieve at grievances foregone,
And heavily from woe to woe tell o'er
The sad account of fore-bemoaned moan,
Which I new-pay as if not paid before.

But if the while I think on thee, dear friend,
All losses are restored and sorrows end.

William Shakespeare: Sonnets (1609)


SONETO 30

Cuando en sesiones dulces y calladas
hago comparecer a los recuerdos,
suspiro por lo mucho que he deseado
y lloro el bello tiempo que he perdido,

la aridez de los ojos se me inunda
por los que envuelve la infinita noche
y renuevo al plañir de mis amores muertos
y gimo por imágenes borradas.

Así, afligido por remotas penas,
puedo de mis dolores ya sufridos
la cuenta rehacer, uno por uno,
y volver a pagar lo ya pagado.

Pero si entonces pienso en ti, mis pérdidas
se compensan, y cede mi amargura.

William Shakespeare: Sonetos (1609)
Traducción de Manuel Mújica Láinez

domingo, 13 de julio de 2014

EL ECO DE MI MADRE (fragmento)

A ver a ver a ver repetía antes de morirse
como si algo le tapara la visión del otro camino
ese que ella ya tenía delante de las narices
pero que la dirección de su cuerpo aún se negaba a tomar.
A ver a ver a ver siguió insistiendo hasta el cansancio
mientras los que rodeábamos su cama queríamos ver también
si es que realmente algo visible,
un ángel o cualquier otra aparición,
metida de lleno en la asepsia de ese cuarto
podía darnos la clave médica de que algo estaba por pasar.
Después de que murió me sentí culpable
de haberla confrontado con sus fantasmas
a ver qué mamá a ver qué a ver qué.
Y aunque nada había para ver, eso es seguro,
ella encontró, parece, el objeto que buscaba
porque de un minuto para otro se quedó muda
mientras yo con la pregunta en la boca
me fui rumiando las razones de todos los asuntos del mundo
que en la cadencia insoportable de su repetición
no tienen, no tienen y no tienen
ninguna respuesta.

Tamara Kamenszain: El eco de mi madre (2010)

domingo, 6 de julio de 2014

Un animal oculto en el crepúsculo me vigila y se apiada de mí. Pesan las frutas corrompidas, hierven las cámaras corporales. Cansa atravesar esta enfermedad llena de espejos. Alguien silba en mi corazón. No sé quién es pero entiendo su sílaba interminable.

Hay sangre en mi pensamiento, escribo sobre lápidas negras. Yo mismo soy el animal extraño. Me reconozco: lame los párpados que ama, lleva en su lengua las sustancias paternales. Soy yo, no hay duda: canta sin voz y se ha sentado a contemplar la muerte, pero no ve más que lámparas y moscas y las leyendas de las cintas fúnebres. A veces, grita en tardes inmóviles.

Lo invisible está dentro de la luz, pero, ¿arde algo dentro de lo invisible? La imposibilidad es nuestra iglesia. En todo caso, el animal se niega a fatigarse en la agonía.

Es el que está despierto en mí cuando yo duermo. No ha nacido y, sin embargo, ha de morir.

Así las cosas, ¿de qué perdida claridad venimos? ¿Quién puede recordar la inexistencia? Podría ser más dulce regresar, pero

entramos indecisos en un bosque de espinos. No hay nada más allá de la última profecía. Hemos soñado que un dios lamía nuestras manos: nadie verá su máscara divina.

Así las cosas,

la locura es perefecta.

Antonio Gamoneda: Arden las pérdidas (2003).

lunes, 30 de junio de 2014

ROMANCE DE LA LUNA, LUNA

                                            A Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

—Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

—Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

—Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
—Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Federico García Lorca: Romancero gitano (1928)

domingo, 22 de junio de 2014

EL SECRETO

Has entrado en la noche
por el costado de la soledad.
A ella le cuentas que sales con ellos,
a ellos que con ella.
Encaminas el viejo cuatro-latas
hasta cierto lugar deshabitado
de la ciudad.
Has hecho entrar un cuerpo,
habéis encendido un pitillo mientras
buscas un encierro entre las sombras.
Silencias su voz cuando quiere hablarte,
con un gesto decides
modelo de pasión.
Has entrado en un cuerpo
por el costado de la soledad.
Te has sentido bien durante un instante
pero lo callas,
aunque no consigues reprimir
una caricia en el vidrio empañado.
Tras cerrar la portezuela te deja
una estela de perfume innoble
que aspiras con deleite:
lo quieres como símbolo
para cuando abrase la claridad
de la mañana.

José Ángel Cilleruelo: Alfama (1985)

lunes, 16 de junio de 2014

POESÍA QUEMADA

Entre las obras puras, nada que hacer. Tampoco
entre las Ánimas o las Ruinas.

El Poema debe ser extraviado totalmente
en el centro del juego,
como la convulsión de una cacería
en el fondo de una víscera.
Y reír de sí mismo
con el costillar del ventisquero.

Sólo lejos de ti, en el milagro
de no encerrar cordero en el pan de cada día.
Y nada que se asemeje
al punzante abalorio de los críticos.

Me tentaré lejos de Dios, mano a mano,
a mí mismo,
con la sinceridad hambrienta del perro
que duerme temblando
sobre el pan enterrado por su madre.

¡Y te quemaré en mí, Poesía!
En ladrillos de venas de amor, te escribiré
empapándote profundamente.

¡Luego vendrá el sol y te extraerá con los colmillos!

César Dávila Andrade: En un lugar no identificado (1962)

domingo, 8 de junio de 2014

ARTE POÉTICA

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca,
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Jorge Luis Borges: El Hacedor (1960)

lunes, 2 de junio de 2014

ARTE POÉTICA

Conozco la azul laguna
y el dedo doblado en ella.
Y el resplandor de la estrella.
Y la luna.

En mi chaqueta de abril
prendí una azucena viva,
y besé la sensitiva
con labios de toronjil.

Un pájaro principal
me enseñó el múltiple trino.
Mi vaso apuré de vino.
Sólo me queda el cristal.

¿Y el plomo que zumba y mata?
¿Y el largo encierro?
¡Duro mar y olas de hierro,
no luna y plata!

El cañaveral sombrío
tiene voraz dentadura,
y sabe el astro en su altura
de hambre y frío.

Se alza el foete mayoral.
Espaldas hiere y desgarra.
Ve y con tu guitarra
dilo al rosal.

Dile también del fulgor
con que un nuevo sol parece:
en el aire que la mece
que aplauda y grite la flor.

Nicolás Guillén: La paloma de vuelo popular (1958)

domingo, 25 de mayo de 2014

ARTE POÉTICA

Entre sombra y espacio, entre guarniciones y doncellas,
dotado de corazón singular y sueños funestos,
precipitadamente pálido, marchito en la frente
y con luto de viudo furioso por cada día de vida,
ay, para cada agua invisible que bebo soñolientamente
y de todo sonido que acojo temblando,
tengo la misma sed ausente y la misma fiebre fría
un oído que nace, una angustia indirecta,
como si llegaran ladrones o fantasmas,
y en una cáscara de extensión fija y profunda,
como un camarero humillado, como una campana un poco ronca,
como un espejo viejo, como un olor de casa sola
en la que los huéspedes entran de noche perdidamente ebrios,
y hay un olor de ropa tirada al suelo, y una ausencia de flores
—posiblemente de otro modo aún menos melancólico—,
pero, la verdad, de pronto, el viento que azota mi pecho,
las noches de substancia infinita caídas en mi dormitorio,
el ruido de un día que arde con sacrificio
me piden lo profético que hay en mí, con melancolía
y un golpe de objetos que llaman sin ser respondidos
hay, y un movimiento sin tregua, y un nombre confuso.

Pablo Neruda: Residencia en la tierra (1925-1931) (1935)

domingo, 18 de mayo de 2014

ARTE POÉTICA

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
Hacedla florecer en el poema.

Sólo para nosotros
vivan todas las cosas bajo el sol.

El poeta es un pequeño Dios.

Vicente Huidobro: El espejo de agua (1916)

domingo, 11 de mayo de 2014

DANSE D'ANITRA

                                               A Juan Verdesoto

Va ligera, va pálida, va fina,
cual si una alada esencia poseyere.
Dios mío, esta adorable danzarina,
se va a morir, se va a morir... se muere.

Tan aérea, tan leve, tan divina,
se ignora si danzar o volar quiere;
y se torna su cuerpo una ala fina,
cual si el soplo de Dios la sostuviere.

Sollozan perla a perla cristalina
las arpas en su ambiguo miserere...
Las flautas lloran y la guzla trina...
¡Sostened a la leve danzarina,
porque se va a morir... porque se muere!

Medardo Ángel Silva: El árbol del bien y del mal (1914-1917)

domingo, 4 de mayo de 2014

MI PADRE, EL INMIGRANTE (fragmento)

                                   I

Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Atrás queda envuelta en sus vapores,
donde vive el almendro, el niño y el leopardo.
Atrás quedan los días con lagos, nieves, renos,
con volcanes adustos, con selvas hechizadas
donde moran las sombras azules del espanto.
Atrás quedan las tumbas al pie de los cipreses,
solos en la tristeza de lejanas estrellas.
Atrás quedan las glorias como antorchas que apagan
ráfagas seculares.
Atrás quedan las puertas quejándose en el viento.
Atrás queda la angustia con espejos celestes.
Atrás el tiempo queda como drama en el hombre:
engendrador de vida, engendrador de muerte.
El tiempo que levanta y desgasta sus columnas
y murmura en las olas milenarias del mar.
Atrás queda la luz bañando las montañas,
los parques de los niños y los blancos altares.
Pero también la noche con ciudades dolientes,
la noche cotidiana, la que no es noche aún,
sino descanso breve que tiembla en las luciérnagas
o pasa por las almas con golpes de agonía.
La noche que desciende de nuevo hacia la luz,
despertando las flores en valles taciturnos,
refrescando el regazo del agua en las montañas,
lanzando los caballos hacia azules riberas,
mientras la eternidad, en luces de oro,
avanza silenciosa por prados siderales.


                                   II

Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Los pasos en el polvo, el fuego de la sangre,
el sudor de la frente, la mano sobre el hombro,
el llanto en la memoria,
todo queda cerrado por anillos de sombra.
Con címbalos antiguos el tiempo nos levanta.
Con címbalos, con vino, con ramos de laureles.
Mas en el alma caen acordes penumbrosos.
La pesadumbre cava con pezuñas de lobo.
Escuchad hacia adentro los ecos infinitos,
los cornos del enigma en nuestras lejanías.
En el hierro oxidado hay brillos en que el ala
desesperada cae,
y piedras que han pasado por la mano del hombre,
y arenas solitarias,
y lamentos de agua en cauces penumbrosos.
¡Reclamad, gritando hacia el abismo,
el mirar interior que hacia la muerte avanza!
En nuestras horas, heliotropos,
manos apasionadas, relámpagos del sueño.
¡Venid a los desiertos y escuchad nuestra voz!
¡Venid a los desiertos y gritad a los cielos!
El corazón es una serena soledad.
Sólo el amor descansa entre dos manos,
y baja en la simiente con un rumor oscuro,
como torrente negro, como aerolito azul,
con temblor de luciérnagas volando en un espejo,
o contritos de bestias que se rompen las venas
en las calientes noches de insomnes soledades.


                                   III

Relámpago extasiado entre dos noches
pez que nada entre nubes vespertinas,
palpitación de brillo, memoria aprisionada,
tembloroso nenúfar sobre la oscura nada,
sueño frente a la nada: eso somos.
Por el agua estancada va taciturno el día,
doblegando los juncos hacia barcas de olvido.
El alma silenciosa en las violetas tiembla.
¿No somos un secreto guardado por las sombras?
Mirad cómo en el césped de la tarde
la mirada es un brillo de azahares,
cómo se esconde el ser en el suspiro leve de las frondas.
Algo se cierra siempre en torno a nuestra frente.
El frío de las piedras corre por nuestra sangre.
Un susurrar de nardo desciende por los valles.
Y siempre el hombre solo, bajo el sol y los truenos,
perseguido por voces y lágitos y dientes.
El hombre siempre solo, con su mirada, suya,
con sus recuerdos, suyos, y con sus manos, suyas.
El hombre interrogando a sus calladas sombras.
Escucha: yo te llamo desde mis soledades,
desde mis suspirantes comarcas de palmeras,
abiertas a los signos luminosos del cielo.
El viento se te enreda con nieblas siderales,
y se detiene al pie de negros abedules.
Venados de la luna van corriendo
por la antigua memoria,
y en tu silencio caen llamadas del corazón.

Vicente Gerbasi: Mi padre, el inmigrante (1945)

domingo, 27 de abril de 2014

BREVE DISEÑO DE LAS CIUDADES DE GUAYAQUIL Y QUITO

                                                       (Carta joco-seria escrita por el autor
                                                       a su cuñado don Jerónimo Mendiola,
                                                       describiendo a Guayaquil y Quito.)

Dichoso paisano, en quien
con diversísimos modos
se miran los dones todos,
todas las prendas se ven,
perdona si en parabién
de tu carta no te da
algo mi amor, porque ya
cuanto yo darte podía,
que era la voluntad mía,
tú te la tienes allá.

Mostrárteme agradecido
hoy mi empeño viene a ser,
y para poderlo hacer
de estos versos me he valido;
recíbelos advertido,
de que si aun el don mayor
sólo recibe valor
del amor de quien lo da,
inmenso mi don será,
pues es inmenso mi amor.

Contarte un pesar intento
por ver si puedo lograr
el que mi propio pesar
sirva de ajeno contento;
escúchame, pues, atento,
que ya mi triste gemido
empieza a dar condolido
dos efectos a mi canto,
pues lo que en mi voz es llanto
será música en tu oído.

Guayaquil, ciudad hermosa,
de la América guirnalda,
de tierra bella esmeralda
y del mar perla preciosa,
cuya costa poderosa
abriga tesoro tanto,
que con suavísimo encanto
entre nácares divisa
congelado en gracia y risa
cuanto el alba vierte en llanto.

Ciudad que es por su esplendor,
entre las que dora Febo,
la mejor del mundo nuevo
y aun del orbe la mejor;
abunda en todo primor,
en toda riqueza abunda,
pues es mucho más fecunda
en ingenios, de manera
que, siendo en todo primera,
es en esto sin segunda.

Tribútanle con desvelo
entre singulares modos
la tierra sus frutos todos,
sus influencias el cielo;
hasta el mar que con anhelo
soberbiamente levanta
su cristalina garganta
para tragarse esta perla,
deponiendo su ira al verla
le besa humilde la planta.

Los elementos de intento
le miran con tal agrado,
que parece se ha formado
de todos un elemento;
ni en ráfagas brama el viento,
ni son fuego sus calores,
ni en agua y tierra hay rigores,
y así llega a dominar
en tierra, aire, fuego y mar,
peces, aves, luces, flores.

Los rayos que al sol regazan
allí sus ardores frustran,
pues son luces que la ilustran
y no incendios que la abrasan;
las lluvias nunca propasan
de un rocío que de prisa
al terreno fertiliza,
y que equivale en su tanto
de la aurora al tierno llano,
del alba a la bella risa.

Templados de esta manera
calor y fresco entre sí,
hacen que florezca allí
una eterna primavera;
por lo cual si la alta esfera
fuera capaz de desvelos,
tuviera sin duda celos
de ver que en blasón fecundo
abriga en su seno el mundo
ese trozo de los cielos.

Tanta hermosura hay en ella
que dudo, al ver su primor,
si acaso es del cielo flor,
si acaso es del mundo estrella;
es, en fin, ciudad tan bella
que parece en tal hechizo,
que la omnipotencia quiso
dar una señal patente
de que está en el Occidente
el terrenal paraíso.

Esta ciudad primorosa,
manantial de gente amable,
cortés, discreta y afable,
advertida e ingeniosa,
es mi patria venturosa;
pero la siempre importuna
crueldad de mi fortuna,
rompiendo a mi dicha el lazo,
me arrebató del regazo
de esa mi adorada cuna.

Buscando un lugar maldito
a que echarme su rigor,
y no encontrando otro peor,
me vino a botar a Quito;
a Quito otra vez repito
que entre toscos, nada menos,
varios diversos terrenos,
siguiendo, hermano, su norma,
es un lugar de esta forma,
disparate más o menos.

Es su situación tan mala,
que por una y otra cuesta
la una mitad se recuesta,
la otra mitad se resbala;
ella se sube y se cala
por cerros, por quebradones,
por guaicos y por rincones,
y en andar así escondida
bien nos muestra que es guarida
de un enjambre de ladrones.

Tan empinado es el talle
del sitio sobre que estriba,
que se hace muy cuesta arriba
el andar por cualquier calle;
no hay hombre que no se halle
la vista en tierra clavada,
porque es cosa averiguada
que el que anda sin atención
cae, sino en tentación,
en una cosa privada.

Hacen a Quito muy hondo
una y otra rajadura,
y teniendo tanta hondura,
es ciudad de ningún fondo.
Aquí hay desdichas a bondo,
aquí el hambre y sed se aúnan
y a todos nos importunan;
aquí, en fin, ¡raros enojos!
los que comen son los piojos,
los demás todos ayunan.

Son estos piojos taimados
animales infelices,
grandes como mis narices,
gordos como mis pecados;
cuando veo que estirados
van muy graves en cuadrilla,
me asusto que es maravilla
desde que un piojillo arisco,
sólo con darme un pellizco,
me sumió la rabadilla.

Las sillas de mano aquí
se miran como a porfía,
y te aseguro a fe mía
que tan malas no las vi;
luego que las descubrí
por unos lados y otros,
viendo los asientos rotos
y quebradas las tablillas,
dije: Bien pueden ser sillas,
mas yo las tengo por potros.

En estas sillas se encierra,
llevando cualquier serrana,
mucho pelo y poca lana,
como oveja de la tierra.
Aquí, pues, en civil guerra
con femeniles enojos
son de los piojos despojos,
y con dentelladas bellas,
los piojos las muerden a ellas,
y ellas muerden a los piojos.

Estas quiteñas como oso
están llenas de cabello,
y aunque tienen tanto vello,
mas nada tienen de hermoso;
así vivo con reposo
sin alguna tentación,
siquiera por distracción
me venga, pues si las hablo,
juzgando que son el diablo,
hago actos de contricción.

Lo peor es la comida
(Dios ponga tiento en mi boca):
ella es puerca y ella es poca,
mal guisada y bien vendida;
aquí toda ella es podrida,
y ¡vive Dios! que me aburro,
cuando imagino y discurro
que una quiteña taimada
me envió dentro una empanada
un gallo, un ratón y un burro.

Hay tal o cual procesión,
mas con rito tan impío,
que te juro, hermano mío,
que es cosa de inquisición:
van cien Cristos en montón
corriendo como unas balas,
treinta quiteños sin galas,
más de ochenta Dolorosas,
San Juan, Judas y otras cosas,
casi todas ellas malas.

Con calva, gallo, y sin manto,
un San Pedro se adelanta,
y, por más que el gallo canta,
no quiere llorar el Santo;
pero le provoca a llanto
de sus llaves la reyerta,
pues cuenta por cosa cierta,
estando el Santo con sueño,
que se las hurtó un quiteño
para falsear una puerta.

Va también tal cual rapaz
vestido de ángel andante,
con su cara por delante
y máscara por detrás;
con tan donoso disfraz
echan unas trazas raras,
dándonos señales claras
que, en el quiteño vaivén,
aun los ángeles también
son figuras de dos caras.

De penitentes con guantes
salen los nobles por no
dar limosna, y temo yo
que han de salir de danzantes.
Estos quiteños bergantes
¿cómo harán tal indecencia?,
pues hallo yo en mi conciencia
que es muy grave hipocresía
vestir la cicatería
con traje de penitencia.

Después se ven unos viejos
beatos, brujos y quebrados,
y algunos frailes cargados
con sus barbas y aparejos;
luego se sigue a lo lejos
una recua de Cofrades,
después las Comunidades,
y otras bestias con pendones,
porque aquí las procesiones
todas son bestialidades.

Mil pobres despilfarrados
se miran a cada instante,
mas ninguno es vergonzante,
que son bien desvergonzados;
ciegos, mudos, corcovados
y enanos hay en verdad
tanteo en esta ciudad,
que yo afirmo sin rebozo
que es este Quito piojoso
el valle de Josafat.

Hermano, en aqueste Quito
muchos mueren de apostemas,
de bubas, llagas y flemas,
mas nadie muere de ahíto;
y hay serrano tan maldito
que al rezar la letanía
pide a la Virgen María,
con grandísimo fervor,
que le conceda el favor
de morir de apoplejía.

A cualquiera forastero,
con extraña cortesía,
sea de noche, sea de día,
le quitan luego el sombrero;
y si él no trata ligero
de tomar otra derrota,
le quitan también sin nota
estos corteses ladrones
la camisa y los calzones
hasta dejarlo en pelota.

Andan como las cigarras
gritando por estas sierras
que son leones en las guerras,
y lo son sólo en las garras;
para hurtar estos panarras
con sutileza y con tiento
son todos un pensamiento,
de suerte que yo he juzgado
que en las uñas vinculado
tienen el entendimiento.

El que es noble gamonal
algún obraje procura,
y de esta suerte asegura
tener en jerga el caudal.
Los quiteños, por su mal,
entablaron desdichados
estos obrajes malvados,
pues con esperanzas vanas
van al obraje por lanas
y se vuelven trasquilados.

Todos estos obrajeros,
por interés de vellón,
compran ovejas y son
ellos gentiles carneros.
Tienen bueyes y potreros
del caudal para ventaja,
pero, aunque ellos se hacen raja,
nunca salen de pobreza,
pues vinculan su riqueza
en cuernos, lanas y paja.

A todos con gran certeza
de frailes les acredito,
pues todos en este Quito
hacen voto de pobreza;
pero el fausto, la grandeza
y la gala es incesante,
pues aquí, como es constante,
se estudia con grande aprieto
la comedia de Moreto
nombrada "Trampa adelante".

Cualquier chisme o patarata
lo cuentan por novedad,
y para no hablar verdad
tienen gracia gratis data:
todo hombre en lo que relata
miente o a mentir aspira;
mas esto ya no me admira,
porque digo siempre: ¡Alerta!
sólo la mentira es cierta
y lo demás es mentira.

Mienten con grande desvelo,
miente el niño, miente el hombre,
y, para que más te asombre,
aun sabe mentir el cielo;
pues vestido de azul velo
nos promete mil bonanzas,
y muy luego, sin tardanzas,
junta unas nubes rateras,
y nos moja muy de veras
el buen cielo con sus chanzas.

Llueve y más llueve, y a veces
el aguacero es eterno,
porque aquí dura el invierno
solamente trece meses;
y así mienten los franceses
que andan a Quito situando
bajo de la línea, cuando
es cierto que está este suelo
bajo las ingles del cielo,
es decir, siempre meando.

Este es el Quito famoso
y yo te digo, jocundo,
que es el sobaco del mundo
viéndolo tan asqueroso.
¡Feliz tú! que de dichoso
puedes llevarte la palma,
pues gozas en dulce calma
de ese suelo soberano,
y con esto, adiós, hermano.
Tu afecto, Juan de buen alma.

Juan Bautista Aguirre (1725-1786)

domingo, 20 de abril de 2014

NAVEGACIÓN NOCTURNA

                                                  "Tenía tendencia a pensar que en todas partes se                                                    escribía el mismo poema bajo formas diferentes.                                                    Que sólo había un poema que lograr a través
                                                   de todas las lenguas y todas las civilizaciones".
                                                                                                                Marguerite Duras

i

La palabra se retira en la noche.
La palabra se acuesta en su antiguo lecho.
Como un río, se envuelve en su manto de oscuros ritos olvidados.
La palabra reposa. Le crecen silenciosos ojos.
La palabra se hunde y deja caer todos sus pétalos.

ii

La noche transforma la ciudad.
Alarga infinitamente las calles.
Borra la fealdad y la basura.
Vuelve transparente al tiempo.
El pavimento se puebla de agudos resplandores.
El tiempo se resquebraja.
Sus agudos pedazos cortan el aire morado.

iii

La noche se pone en pie y camina por los recodos.
La noche lame dulcemente la tristeza.
La poesía lame las oscuras tetas de la noche.
La tristeza lame dulcemente las palabras.

iv

La noche hila las palabras en los antiguos cuentos de hadas.
La palabra se hila con los filamentos de la noche.

v

Las manos de la noche bordan el mapa de las constelaciones.
Ishtar vigila desde su alta torre celeste.
Las palabras bordan el manto de la noche.
Las constelaciones tejen el rito de la palabra.
Los ojos de la noche vigilan a Isis.

vi

Rueda la noche y la palabra se insomnia.
Baja la palabra a la ciudad que tampoco duerme.
Rueda la palabra y la noche se insomnia.
Baja la ciudad y rueda hacia la palabra.

vii

Altos y callados muros, escondidos alféizares.
Dinteles silenciosos, ventanas cerradas.
La noche es un animal citadino.
La palabra acecha a la noche y le tiende trampas.
La palabra es un animal inquieto.
Eriza su lomo y cabalga por la ciudad primigenia.
Camina de bar en bar, de cantina en cantina,
de lupanar en lupanar, de iglesia en iglesia,
de mezquita en mezquita, de espejo en espejo,
de imagen en imagen.
La noche es un animal en acecho.

viii

La palabra deja caer su piel y descubre su luz.
La noche deja caer su piel y descubre su alma.
La piel deja caer la noche y descubre la palabra.
La palabra descubre que su luz es el sonido.
La noche descubre que su palabra es alma.

ix

Seres densos van ocupando la noche.
Palabras densas van rodando por la noche.
Noches densas que van ocupando los poemas.
Poemas densos que van destilando sus licores.
Licores densos que van embriagando las palabras.

x

La palabra entonces inicia otra travesía.
Busca resonancias viajeras. Carabela, por ejemplo.
Navega, argonauta. Palabra-navegación.
Palabra-nave. Palabra-nao.
Palabra, ave nocturna en el navío de la noche.

xi

Palabra maga palabra Circe palabra Ulises.
Navegas la oscura océana de Joyce.
Noche maga noche Circe noche Ulises.
Que navegas la mar océana de las palabras.
Homero ciega los ojos para ver mejor la noche.

xii

Conjuro-enigma: a la sola vibrante palabra náyade
desfilan inútiles pero bellas mitologías.
Palabras cuneiformes talladas por Gilgamesh.
Noches cuneiformes talladas por héroes y dioses.
Palabras-escarabajo danzan sobre papiros dorados.

xiii

La palabra atraviesa la noche.
La noche alcanza su máxima sonoridad.
La palabra rasga la faz de la noche.
La palabra "es una herida en el hondo corazón de la noche".
La palabra es una adarga que sostiene el emblema de la noche.
La noche atraviesa la palabra.

xiv

La palabra se desgaja. Se desgrana.
Cae al cielo y resplandece.
La noche se desgaja y se dispersa. Sube al cielo.
Germinan todas las especies de los sueños.

¿Qué oscuros animales se emparejan y gimen?
Presiento entonces que la noche es interminable germen.
Siento entonces que la palabra es eterno germen.

xv

Es el silencio.
¿Cuál es la palabra que persigues
en tu navegación nocturna?

Es el silencio aunque en torno hay una lluvia de palabras.
Es el silencio aunque en torno hay un diluvio de noche.
Quizás buscas la palabra genuina, la palabra que trascienda los sentidos.
La palabra que ensombrezca más la noche interminable de la poesía.
La palabra que rompa los encantamientos.

xvi

Palabras que bailan con castañuelas.
Que caen como aceitunas, que huelen a azahar.
Las palabras navegan por el río Guadalquivir.

xvii

La noche navega las arterias.
La noche azuza los vicios. La noche los oculta y los revela.
Navega la palabra en la noche fosforescente del pecado.
Llega al origen del sonido y vibra.
Todos los arcanos se abren al conjuro de la palabra.
Todas las noches se abren al conjuro de la palabra.
El poder de cada palabra se transforma en materia, en sustancia.

xviii

Y sabes que con cánticos enfermas o curas.
Bendices o matas.
Con palabras alientas o victimas, tejes o quemas.

Con palabras viajas a parajes ignotos recién creados.

Con palabras creces y te multiplicas.
Y mueres. Y renaces.

xix

Con palabras amas. Y navegas por la noche.
Con palabras trazas nuevos mapas y nuevas noches.

Con palabras nacen los esperpentos
nacen los querubines las alondras los murciélagos.

Con palabras te vistes
como la noche, con larga túnica de plata.

Con palabras recreas el mundo
desmesurado o mínimo.
Con la noche colgada como un inmenso rosario, oras.

xx

Es larga la palabra.
Es la cola de un cometa que no tiene nombre.
Es un estallido nocturno que te despierta
y te devuelve a ti.

xxi

Recorres tu cuerpo con la noche como ungüento mágico.
Recores la noche con la palabra como ungüento mágico.
Recorres la palabra con tu magia como ungüento cósmico.

xxii

Apagas la vela apagas la lámpara
para conjugar el verbo amar.
Amas la palabra para con jugar.
Juegas e izas las velas de nuevo
y levas las anclas
para navegar una vez más
en la noche.

                                                  Quito, 1998-2000

Natasha Salguero: Nave palabra (2001)

domingo, 13 de abril de 2014

EN EL PRINCIPIO ERA EL VERBO

te número te teléfono aburrido
te direcciono (callo caso y escalero)
y habitacionada ya te lámparo te suelo
te vaso te enfósforo te libro
te disco te destoco te desvisto desoído
te camo te almohado enciendo descobijo
te pelo te cadero me cinturas
nos trasvasamos labio a labio
me embotello en tu adentro
nos rehacemos te desformo me conformo
miltuplicada tú yo mildividido

Jorge Enrique Adoum: Prepoemas en postespañol (1979)

domingo, 6 de abril de 2014

A LA ROSA

Pura, encendida rosa,
émula de la llama
que sale con el día,
¿cómo naces tan llena de alegría
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve y veloz vuelo?
Y no valdrán las puntas de tu rama,
ni tu púrpura hermosa
a detener un punto
la ejecución del hado presurosa.
El mismo cerco alado,
que estoy viendo riente,
ya temo amortiguado,
presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
te dio Amor de sus alas blandas plumas,
y oro en su cabello dio a tu frente.
¡Oh fiel imagen suya peregrina!
Bañóte en su color sangre divina
de la deidad que dieron las espumas;
¿y esto, purpúrea flor, y esto no pudo
hacer menos violento el rayo agudo?
Róbate en una hora,
róbate silencioso su ardimiento
el color y el aliento;
tiendes aún no las alas abrasadas
y ya vuelan al suelo desmayadas.
Tan cerca, tan unida
está al morir tu vida,
que dudo si en sus lágrimas la Aurora
mustia, tu nacimiento o muerte llora.

Francisco de Rioja (1583-1659)